Blog de Literatura Española Contemporánea

viernes, 13 de diciembre de 2024

LITERATURA ESPAÑOLA EN EL XVII-TEXTOS DE LA PLENITUD BARROCA

 LITERATURA ESPAÑOLA EN EL S.XVII:

EL BARROCO-PLENITUD BARROCA

                   1

                Da bienes, Fortuna.

               que no están escritos:

               cuando pitos, flautas,

               cuando flautas, pitos.

               ¡Cuán diversas sendas

               se suelen seguir

               en el repartir

               honras y haciendas!

               A unos da encomiendas,

               a otros sambenitos.

               Cuando pitos, flautas,

               cuando flautas, pitos.

               A veces despoja

               de choza y apero

               al mayor cabrero,

               y a quien se le antoja,

               la cabra más coja

               parió dos cabritos.

               Cuando pitos, flautas,

               cuando flautas, pitos.

               Porque en una aldea

               un pobre mancebo

               hurtó solo un huevo

               al sol bambolea,

               y otro se pasea

               con cien mil delitos.

               Cuando pitos, flautas,

               cuando flautas, pitos.

               (Luis de Góngora y Argote:

                 “Letrillas Satíricas”) 

                  

                     2

               Mientras por competir con tu cabello,

oro bruñido al sol relumbra en vano;

mientras con menosprecio en medio el llano

mira tu blanca frente el lilio bello;

 

  mientras a cada labio, por cogello.                   

siguen más ojos que al clavel temprano;

y mientras triunfa con desdén lozano

del luciente cristal tu gentil cuello:

 

  goza cuello, cabello, labio y frente,

antes que lo que fue en tu edad dorada                 

oro, lilio, clavel, cristal luciente,

 

  no sólo en plata o vïola troncada

se vuelva, mas tú y ello juntamente

en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

    (Luis de Góngora y Argote: “Sonetos Amorosos-Soneto XXXI”)

 

                   3

             Un monte era de miembros eminente

              Este que -de Neptuno hijo fiero-

              De un ojo ilustra el orbe de su frente,

              Émulo casi del mayor lucero;

              Cíclope a quien el pino más valiente

              Bastón le obedecía tan ligero,

              Y al grave peso junco tan delgado,

              Que un día era bastón y otro cayado.

          ………………………………………………………………..

            ……………………………………………………………………..

             Purpúreas rosas sobre Galatea

           La Alba entre lilios cándidos deshoja:

              Duda el Amor cuál más su color sea,

              O púrpura nevada, o nieve roja.

              De su frente la perla es, eritrea,

              Émula vana. El ciego dios se enoja,

              Y, condenado su esplendor, la deja

              Pender en oro al nácar de su oreja.

            (Luis de Góngora y Argote: “Fábula de Poli-

             femo y Galatea-Octavas 7 y 14)   

 

 

 

                3

           Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía

hora a su afán ansioso lisonjera;

 

  mas no, de esotra parte, en la ribera,             

dejará la memoria, en donde ardía:

nadar sabe mi llama la agua fría,

y perder el respeto a ley severa.

 

  Alma a quien todo un dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,              

medulas que han gloriosamente ardido:

 

  su cuerpo dejará no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

(Francisco de Quevedo y Villegas:”Sonetos Amorosos-

  Amor constante más allá de la muerte”

            4.

Pues amarga la verdad,
Quiero echarla de la boca;
Y si al alma su hiel toca,
Esconderla es necedad.
Sépase, pues libertad
Ha engendrado en mi pereza
La Pobreza.

¿Quién hace al tuerto galán
Y prudente al sin consejo?
¿Quién al avariento viejo
Le sirve de Río Jordán?
¿Quién hace de piedras pan,
Sin ser el Dios verdadero
El Dinero.

¿Quién con su fiereza espanta
El Cetro y Corona al Rey?
¿Quién, careciendo de ley,
Merece nombre de Santa?
¿Quién con la humildad levanta
A los cielos la cabeza?
La Pobreza.

¿Quién los jueces con pasión,
Sin ser ungüento, hace humanos,
Pues untándolos las manos
Los ablanda el corazón?
¿Quién gasta su opilación
Con oro y no con acero?
El Dinero.

¿Quién procura que se aleje
Del suelo la gloria vana?
¿Quién siendo toda Cristiana,
Tiene la cara de hereje?
¿Quién hace que al hombre aqueje
El desprecio y la tristeza?
La Pobreza.

¿Quién la Montaña derriba
Al Valle; la Hermosa al feo?
¿Quién podrá cuanto el deseo,
Aunque imposible, conciba?
¿Y quién lo de abajo arriba
Vuelve en el mundo ligero?
El Dinero.

(Francisco de Quevedo y Villegas:

“Letrillas Satíricas”)

     5

Miré los muros de la patria mía,

si un tiempo fuertes ya desmoronados

de la carrera de la edad cansados

por quien caduca ya su valentía.

 

  Salíme al campo: vi que el sol bebía         

los arroyos del hielo desatados,

y del monte quejosos los ganados

que con sombras hurtó su luz al día.

 

  Entré en mi casa: vi que amancillada

de anciana habitación era despojos,            

mi báculo más corvo y menos fuerte.

 

  Vencida de la edad sentí mi espada,

y no hallé cosa en que poner los ojos

que no fuese recuerdo de la muerte.

(Fco de Quevedo: “Sonetos

Patrióticos”)

      6

¡Fue sueño ayer; mañana será tierra!

¡Poco antes, nada; y poco después, humo!

¡Y destino ambiciones, y presumo

apenas punto al cerco que me cierra!

 

 Breve combate de importuna guerra,

en mi defensa soy peligro sumo;

y mientras con mis armas me consumo,

menos me hospeda el cuerpo, que me entierra.

 

  Ya no es ayer; mañana no ha llegado;

hoy pasa, y es, y fue, con movimiento

que a la muerte me lleva despeñado.

 

 Azadas son la hora y el momento,

que, a jornal de mi pena y mi cuidado,

cavan en mi vivir mi monumento

 (Fco de Quevedo:“Sonetos Filosóficos y Morales)

                 7

              Determinó, pues, don Alonso de poner a su hijo en pupilaje, lo uno por apartarle de su regalo, y lo otro por ahorrar de cuidado. Supo que había en Segovia un licenciado Cabra que tenía por oficio el criar hijos de caballeros, y envió allá el suyo y a mí para que le acompañase y sirviese.

             Entramos, primero domingo después de Cuaresma, en poder de la hambre viva, porque tal laceria no admite encarecimiento. Él era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, los ojos avecindados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos, tan hundidos y oscuros que era buen sitio el suyo para tiendas de mercaderes; la nariz, de cuerpo de santo, comido el pico, entre Roma y Francia, porque se le había comido de unas búas de resfriado, que aun no fueron de vicio porque cuestan dinero; las barbas descoloridas de miedo de la boca vecina, que de pura hambre parecía que amenazaba a comérselas; los dientes, le faltaban no sé cuántos, y pienso que por holgazanes y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate largo como de avestruz, con una nuez tan salida que parecía se iba a buscar de comer forzada de la necesidad; los brazos secos; las manos como un manojo de sarmientos cada una. Mirado de medio abajo parecía tenedor o compás, con dos piernas largas y flacas. Su andar muy espacioso; si se descomponía algo, le sonaban los huesos como tablillas de San Lázaro. La habla ética, la barba grande, que nunca se la cortaba por no gastar, y él decía que era tanto el asco que le daba ver la mano del barbero por su cara, que antes se dejaría matar que tal permitiese. Cortábale los cabellos un muchacho de nosotros. Traía un bonete los días de sol ratonado con mil gateras y guarniciones de grasa; era de cosa que fue paño, con los fondos en caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no se sabía de qué color era. Unos, viéndola tan sin pelo, la tenían por de cuero de rana; otros decían que era ilusión; desde cerca parecía negra y desde lejos entre azul. Llevábala sin ceñidor; no traía cuello ni puños. Parecía, con esto y los cabellos largos y la sotana y el bonetón, teatino lanudo. Cada zapato podía ser tumba de un filisteo. Pues ¿su aposento? Aun arañas no había en él. Conjuraba los ratones de miedo que no le royesen algunos mendrugos que guardaba. La cama tenía en el suelo, y dormía siempre de un lado por no gastar las sábanas. Al fin, él era archipobre y protomiseria.(…)

(Fco Quevedo: “Vida del Buscón llamado D. Pablos”Libro I-Cap. III)

                              8

1     Todo está ya en su punto, y el ser persona en el mayor. Más se requiere hoi para un sabio que antiguamente para siete; y más es menester para tratar con un solo hombre en estos tiempos que con todo un pueblo en los passados.

2     Genio y Ingenio. Los dos exes del lucimiento de prendas: el uno sin el otro, felicidad a medias. No basta lo entendido, deséase lo genial. Infelicidad de necio: errar la vocación en el estado, empleo, región, familiaridad.

3     Llevar sus cosas con suspensión. La admiración de la novedad es estimación de los aciertos. El jugar a juego descubierto ni es de utilidad ni de gusto. El no declararse luego suspende, y más donde la sublimidad del empleo da objecto a la universal expectación; amaga misterio en todo, y con su misma arcanidad provoca la veneración. Aun en el darse a entender se ha de huir la llaneza, assí como ni en el trato se ha de permitir el interior a todos. Es el recatado silencio sagrado de la cordura. La resolución declarada nunca fue estimada; antes se permite a la censura, y si saliere azar, será dos vezes infeliz. Imítese, pues, el proceder divino para hazer estar a la mira y al desvelo.

4     El saber y el valor alternan grandeza. Porque lo son, hazen inmortales; tanto es uno quanto sabe, y el sabio todo lo puede. Hombre sin noticias, mundo a escuras. Consejo y fuerças, ojos y manos; sin valor es estéril la sabiduría.

5     Hazer depender. No haze el numen el que lo dora, sino el que lo adora: el sagaz más quiere necessitados de sí que agradecidos. Es robarle a la esperança cortés fiar del agradecimiento villano, que lo que aquélla es memoriosa es éste olvidadizo. Más se saca de la dependencia que de la cortesía: buelve luego las espaldas a la fuente el satisfecho, y la naranja esprimida cae del oro al lodo. Acabada la dependencia, acaba la correspondencia, y con ella la estimación. Sea lición, y de prima en experiencia, entretenerla, no satisfazerla, conservando siempre en necessidad de sí aun al coronado patrón; pero no se ha de regar al excesso de callar para que yerre, ni hazer incurable el daño ageno por el provecho proprio.(…)

            (Lorenzo Baltasar Gracián:

            “Oráculo Manual y Arte de Prudencia)

                              9

EL AUTOR /EL RICO /EL MUNDO /EL LABRADOR /EL REY /EL POBRE /LA DISCRECIÓN /UN NIÑO /LA LEY DE GRACIA

UNA VOZ /LA HERMOSURA /ACOMPAÑAMIENTO

 

 

(Grupo Corsario: “El Gran Teatro del Mundo”)

 

(Sale el AUTOR con manto de estrellas y potencias en el sombrero

 

AUTOR.-    Hermosa compostura  

 de esa varia inferior arquitectura, 

 que entre sombras y lejos  

 a esta celeste usurpas los reflejos, 

 cuando con flores bellas 

 el número compite a sus estrellas, 

 siendo con resplandores  

 humano cielo de caducas flores. 

    Campaña de elementos,  

 con montes, rayos, piélagos y vientos; 

 con vientos, donde graves  

 te surcan los bajeles de las aves; 

 con piélagos y mares donde a veces 

 te vuelan las escuadras de los peces; 

 con rayos donde ciego  15

 te ilumina la cólera del fuego;  

 con montes donde dueños absolutos 

 te pasean los hombres y los brutos: 

 siendo, en continua guerra,  

 monstruo de fuego y aire, de agua y tierra.

    Tú, que siempre diverso,  

 la fábrica feliz del universo  

 eres, primer prodigio sin segundo, 

 y por llamarte de una vez, tú el Mundo, 

 que naces como el Fénix y en su fama

 de tus mismas cenizas...  

 

(Sale el MUNDO por diversa puerta)

 

MUNDO .- ¿Quién me llama, 

 que desde el duro centro  

 de aqueste globo que me esconde dentro 

 alas viste veloces?  

 ¿Quién me saca de mí, quién me da voces?

AUTOR   . Es tu Autor Soberano.  

 De mi voz un suspiro, de mi mano 

 un rasgo es quien te informa  

 y a su oscura materia le da forma. 

MUNDO.- Pues ¿qué es lo que me mandas? ¿Qué me quieres?

AUTOR .-Pues soy tu Autor, y tú mi hechura eres, 

 hoy, de un concepto mío,  

 la ejecución a tus aplausos fío.  

    Una fiesta hacer quiero  

 a mi mismo poder, si considero 

 que sólo a ostentación de mi grandeza 

 fiestas hará la gran naturaleza;  

 y como siempre ha sido  

 lo que más ha alegrado y divertido 

 la representación bien aplaudida, 

 y es representación la humana vida, 

 una comedia sea  

 la que hoy el cielo en tu teatro vea. 

 Si soy Autor y si la fiesta es mía, 

 por fuerza la ha de hacer mi compañía.

 Y pues que yo escogí de los primeros 

 los hombres, y ellos son mis compañeros, 

 ellos, en el teatro  

 del mundo, que contiene partes cuatro, 

 con estilo oportuno

 han de representar. Yo a cada uno 

 el papel le daré que le convenga, 

 y porque en fiesta igual su parte tenga 

 el hermoso aparato  

 de apariencias, de trajes el ornato,

 hoy prevenido quiero  

 que, alegre, liberal y lisonjero,  

 fabriques apariencias  

 que de dudas se pasen a evidencias. 

 Seremos, yo el Autor, en un instante,

 tú el teatro, y el hombre el recitante. 

MUNDO.-    Autor generoso mío,  

 a cuyo poder, a cuyo  

 acento obedece todo,  

 yo, el gran teatro del mundo, 

 para que en mí representen  

 los hombres, y cada uno  

 halle en mí la prevención  

 que le impone el papel suyo,  

 como parte obedencial, 

 -que solamente ejecuto  

 lo que ordenas, que aunque es mía 

 la obra el milagro es tuyo-,  

 primeramente porque es  

 de más contento y más gusto 

 no ver el tablado antes  

 que esté el personaje a punto,  

 lo tendré de un negro velo  

 todo cubierto y oculto,  

 que sea un caos donde estén 

 los materiales confusos.  

 Correráse aquella niebla  

 y, huyendo el vapor oscuro,  

 para alumbrar el teatro  

 (porque adonde luz no hubo 

 no hubo fiesta), alumbrarán  

 dos luminares, el uno  

 divino farol del día,  

 y de la noche nocturno  

 farol el otro, a quien ardan 

 mil luminosos carbunclos,  

 que en la frente de la noche  

 den vividores influjos.(…)

   (Pedro Calderón de la Barca: “El Gran

Teatro del Mundo”-Acto I-Escena I)

      10

 

  (Salen el REY, don LOPE y los soldados, Pedro

CRESPO, y los villanos.  Todos se descubren)

 

REY:                               ¿Qué es esto?

               Pues, ¿de esta manera estáis

               viniendo yo?

LOPE:                         Ésta es, señor,     

               la mayor temeridad

               de un villano, que vio el mundo.

               Y, ¡vive Dios!, que a no entrar

               en el lugar tan aprisa,

               señor, Vuestra Majestad,                  

               que había de hallar luminarias

               puestas por todo el lugar.

REY:           ¿Qué ha sucedido?

LOPE:                              Un alcalde

               ha prendido un capitán

               y viniendo yo por él                      

               no le quieren entregar.

REY:           ¿Quién es el alcalde?

CRESPO:                                 Yo.

REY:           ¿Y qué disculpas me dais?

CRESPO:        Este proceso, en que bien

               probado el delito está,                   

               digno de muerte por ser

               una doncella robar,

               forzarla en un despoblado

               y no quererse casar

               con ella, habiendo su padre                      

               rogádole con la paz.

LOPE:          Éste es el alcalde, y es

               su padre.

CRESPO:                  No importa en tal

               caso; porque, si un extraño

               se viniera a querellar,                          

               ¿no había de hacer justicia?

               Sí.  ¿Pues qué más se me da

               hacer por mi hija lo mismo

               que hiciera por los demás?

               Fuera de que, como he preso                       

               un hijo mío, es verdad

               que no escuchara a mi hija,

               pues era la sangre igual.

               Mírese, si está bien hecha

               la causa; miren, si hay                          

               quien diga que yo haya hecho

               en ella alguna maldad,

               si he inducido algún testigo,

               si está algo escrito demás

               de lo que he dicho, y entonces                   

               me den muerte.

REY:                          Bien está

               sustanciado.  Pero vos

               no tenéis autoridad

               de ejecutar la sentencia

               que toca a otro tribunal.                        

               Allá hay justicia, y así

               remitid al preso.

CRESPO:                            Mal

               podré, señor, remitirle;

               porque, como por acá

               no hay más que sola una audiencia,        

               cualquier sentencia que hay

               la ejecuta ella; y así

               ésta ejecutada está.

REY:           ¿Qué decís?

CRESPO:                      Si no creéis

               que es esto, señor, verdad,               

               volved los ojos y vello.

               Aqueste es el capitán.

 

(Aparece dado garrote en una silla don ÁLVARO)

REY:           Pues, ¿cómo así os atrevisteis?

CRESPO:        Vos habéis dicho que está

               bien dada aquesta sentencia,                     

               luego esto no está hecho mal.

REY:           ¿El consejo no supiera

               la sentencia ejecutar?

CRESPO:        Toda la justicia vuestra

               es sólo un cuerpo no más;          

               si éste tiene muchas manos,

               decid, ¿qué más se me da

               matar con aquesta un hombre

               que esta otra había de matar?

               ¿Y qué importa errar lo menos        

               quien acertó lo demás?

REY:           Pues ya que aquesto sea así,

               ¿por qué, como a capitán

               y caballero, no hicisteis

               degollarle?

CRESPO:                    ¿Eso dudáis?             

               Señor, como los hidalgos

               viven tan bien por acá,

               el verdugo que tenemos

               no ha aprendido a degollar;

               y ésa es querella del muerto,             

               que toca a su autoridad,

               y hasta que él mismo se queje,

               no les toca a los demás.

REY:           Don Lope, aquesto ya es hecho,

               bien dada la muerte está;                 

               no importa error lo menos

               quien acertó lo demás.

               Aquí no quede soldado

               alguno, y haced marchar

               con brevedad; que me importa                     

               llegar presto a Portugal.

[A CRESPO]

               Vos, por alcalde perpetuo

               de aquesta villa os quedad.

CRESPO:        Sólo vos a la justicia

               tanto supierais honrar.                           

(Vanse el REY [y su acompañamiento, soldados,

y labradores]

LOPE:          Agradeced al buen tiempo

               que llegó Su Majestad.

CRESPO:        ¡Par Dios!, aunque no llegara

               no tenía remedio ya.

LOPE:          ¿No fuera mejor hablarme,                   

               dando el preso y remediar

               el honor de vuestra hija?

CRESPO:        Un convento tiene ya

               elegido y tiene esposo

               que no mira en calidad.                           

LOPE:          Pues dadme los demás presos.

CRESPO:        Al momento los sacad.

(Salen REBOLLEDO y la CHISPA)

LOPE:          Vuestro hijo falta; porque

               siendo mi soldado ya,

               no ha de quedar preso.                            

CRESPO:                                 Quiero                  

               también, señor, castigar

               el desacato que tuvo

               de herir a su capitán;

               que, aunque es verdad que su honor

               a esto le pudo obligar,                          

               de otra manera pudiera.

LOPE:          Pero Crespo... ¡bien está!

               Llamadle.

(Sale JUAN)

CRESPO:                  Ya él está aquí.

JUAN:          Las plantas, señor, me dad;

               que a ser vuestro esclavo iré.            

REBOLLEDO:     Yo no pienso ya cantar

               en mi vida.

CHISPA:                     Pues, yo sí,

               cuantas veces a mirar

               llegue al pasado instrumento.

CRESPO:        Con que fin el autor da                          

               a esta historia verdadera.

               Los defectos perdonad.

  (Pedro Calderón de la Barca:

El Alcalde de Zalamea”-Jornada III-Escena XVIII)

                              LI

No hay comentarios: