Blog de Literatura Española Contemporánea

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Textos Breves o Fragmentarios de los Temas de Literatura 2º Bach 1, 2, 3 y 4

IES DELICIAS/Valladolid


LENGUA Y LITERATURA, 2º BACH- Tema 1

TEXTOS DEL GÉNERO DIDÁCTICO-ENSAYÍSTICO NEOCLÁSICO-ILUSTRADO-s.XVIII

1

Tradiciones Populares

1. La regla de la creencia del vulgo es la posesión. Sus ascendientes son sus oráculos; y mira como una especie de impiedad, no creer lo que creyeron aquellos. No cuida de examinar, qué origen tiene la noticia: bástale saber, que es algo antigua para venerarla, a manera de los Egipcios que adoraban el Nilo, ignorando dónde o cómo nacía, y sin otro conocimiento que el que venía de lejos.

2. ¡Qué quimeras, qué extravagancias no se conservan en los Pueblos a la sombra del vano pero ostentoso título de tradición! ¿No es cosa para perderse de risa el oír en este, en aquel, y en el otro País, no sólo a rústicos y niños; pero aun a venerados Sacerdotes, que en tal o tal [351] parte hay una Mora encantada, la cual se ha aparecido diferentes veces? Así se lo oyeron a sus padres y abuelos, y no es menester más. Si los apuran, alegarán testigos vivos que la vieron; pues en ningún País faltan embusteros que se complacen en confirmar tales patrañas. Supongo, que en aquellos Lugares del Cantón de Lucerna, vecinos a la Montaña de Fraemont, donde reina la persuasión de que todos los años en determinado día se ve Pilatos sobre aquella cumbre vestido de Juez, pero los que le ven mueren dentro del año, se alegan siempre testigos de la visión, que murieron poco ha. Esto, junto con la tradición anticuada, y el darse vulgarmente a aquella eminencia el nombre de la Montaña de Pilatos, sobra para persuadir a los espíritus crédulos. (Padre Feijoo: “Teatro Crítico Universal-Tomo V(Tradiciones Populares)

2

Artes divinatorias

1. ¡Rara presunción la del hombre, querer averiguar lo que está por venir! Pestañea en lo pasado, anda a tientas en lo presente, y juzga tener ojos para lo futuro. Miéntenle las Historias en lo que fue, los sentidos en lo que es, y cree a vanos sueños en lo que será. Esta extravagancia del entendimiento nace de desorden de la voluntad. Cuanto esta está más ciega, tanto pretende que el entendimiento sea más lince. Grande ceguera nuestra es abrazar con el deseo lo ilícito, pero aún mayor buscar con el discurso lo impenetrable. Desde el cerebro del hombre a la región de los futuros contingentes no abrió camino alguno la naturaleza, y donde no hay senda que guíe al término deseado, cualquiera rumbo que se tome lleva al precipicio.

2. Esta ambición fue el vicioso origen de tanta práctica supersticiosa como inventaron los antiguos Idólatras. Buscaban noticias de lo venidero en los Astros, en los Elementos, en los cadáveres, en las piedras, en los troncos, en el acaso de las suertes, en los delirios de los sueños, en las entrañas de las víctimas, en las voces de los brutos, en los vuelos de las aves. A toda la Naturaleza preguntaban lo que había de suceder, y creían oír la respuesta, por más que la hallaban sorda a la consulta. De la variedad de instrumentos que usaban para adivinar, se denominaron tantas Artes Divinatorias, que apenas caben en la memoria los nombres. La Necromancia, o Nigromancia, adivinaba por la inspección de los cadáveres; aunque después la vulgaridad hizo genérica esta voz, para significar toda especie de Magia ilícita. La Oniromancia, por los sueños: La Aruspicina, o Hieroscopia, por las víctimas: La Catoptromancia, por los espejos: La Piromancia, por el fuego: La Hidromancia, por el agua: La Aeromancia, por el aire: La Geomancia, por la tierra: La Onomomancia, por los nombres: La Aritmomancia, por los números: La Botanomancia, por las hierbas: La Ictinomancia, por los peces: La Dactilomancia, por los anillos: La Teraposcopia, por los portentos, y otras muchas que omito; pues Julio César Bulengero señala hasta cuarenta y cuatro, y no las cuenta todas, ni con gran parte; pues en otro Autor he visto numeradas hasta ochenta y dos.

3. Bastará para conocer toda la extravagancia de los que se daban a este género de supersticiones, saber que había Arte para adivinar por la cabeza del asno, y se llamaba Cefaleonomancia; otra para adivinar por el queso, llamada Tiriscomancia; otra por los higos, que se decía Sicomancia; otra por la inspección de las cabras, con el nombre de Aegomancia. ( B.Jerónimo Feijoo: “Teatro Crítico Universal”Tomo II.Artes Divinatorias)

3

Fruto del estudio de la Historia

72. El principal estudio en la lectura de la Historia debe ser el de los hombres, y de sus caracteres ó genios. No se aplique tanto, dice Montaña, el que la lee a enterarse de la data de la ruina de Cartago, como a conocer las costumbres de Aníbal, y de Escipión; ni tanto a saber dónde murió Marcelo, como por qué fue indigno de su obligación exponer su vida, y perderla por tan leve motivo. Estudiar Historia, es estudiar las opiniones, los motivos, las pasiones de los hombres; y el fruto debe ser aprender a conocerse a sí mismo, conociendo a los otros; corregirse por los ejemplos, y adquirir experiencia sin riesgo.

73. La obligación del Historiador, es hacer conocer los hombres por la exacta verdad de los sucesos; porque si no fuese menester más que pintar sentimientos, genios, y costumbres, las Novelas, y piezas de Teatro serían igualmente oportunas que los libros de Historia. El Autor de la Novela de Setos, que insertó en ella una moralidad sublime, dice bien en el Prefacio, que las situaciones y lances fingidos son más aptos para proponer grandes ejemplos; mas el estudio de caracteres y de ejemplos, hace incomparablemente mayor impresión, cuanto se junta, si no con una entera persuasión, por lo menos con una opinión probable de la verdad de los hechos.}

97. Pero toda solemnidad judicial del proceso no quitó que muchos dudasen de su justicia, y que muchos lo atribuyesen todo a artificio político, ayudado de la ilusión de unos, y de la credulidad de otros. El Cardenal, que movía desde arriba la máquina, aunque dotado de muchas excelentes cualidades, era generalmente notado de ser furiosamente vengativo. No le faltaba habilidad ni poder, para oprimir la más calificada inocencia con capa de justicia. Los jueces se dice que eran buenos hombres; pero muy crédulos, y de muy limitada prudencia, escogidos por tanto por los enemigos de Grandier. El rigor de la sentencia muestra que intervino en ella otra causa más que el amor de la justicia. Sobre todo declara esto mismo la iniquidad cruel que con él practicaron, de precisarle cuando quería confesarse, a Confesor determinado que él no quería, alegando que era enemigo suyo, y uno de los que más habían cooperado a su ruina. Instó sobre que se le trajese para la expiación de sus pecados al Padre Guardián de los Franciscanos de Loudun, hombre docto, y Teólogo de la Sorbona. Pero ni fue posible conseguirse, ni que se le presentase otro que aquel que él recusaba por enemigo. Dícese, que los testigos que depusieron contra Grandier, fueron únicamente los mismos diablos que atormentaban las Religiosas: testimonio, que por todo Derecho Divino, y Humano debiera ser repelido. En orden a la posesión de las Religiosas se hicieron y dieron a la estampa muchas observaciones, a fin de probar que todo fue una mera ilusión. Los diablos al principio respondían en Francés a lo que se les preguntaba en Latín: después que quisieron hablar algo de Latín, echaban muchos solecismos; por lo que dijeron algunos en Francia, que los diablos de Loudun eran gramáticos principiantes que no habían llegado a la tercera clase. Hubo dos hombres advertidos que se ofrecieron a convencer de ilusión, ó impostura la diablería de las Monjas pero se les amenazó tan eficazmente con la cólera del Cardenal, que uno de ellos, no atreviéndose a parar más en Francia, se escapó a Roma. Los Exorcistas fueron enviados de París por el Cardenal: circunstancia, que adjunta al empeño que hicieron en persuadir que la posesión era verdadera da bastante materia al discurso. En fin, en atención a todo lo dicho y algo más que se omite, muchos Escritores, aún dentro de la misma Francia (entre ellos el docto Egidio Menagiol, y el eruditísimo Naudeo) se explicaron a favor de Grandier; y aún de los otros, raro hay que tocando el punto, no hable con alguna duda. (B.JERÓNIMO FEIJOO: “Teatro Crítico Universal” Tomo V)

4

EL GRAN MAGISTERIO DE LA EXPERIENCIA



36. Otra acusación, no más razonable que la pasada contra las observaciones experimentales, es la que oí algunas veces a ciertos Escolásticos superficiales; conviene saber, que éstas no piden discurso, sí solo vista, aplicación, y memoria: de aquí resulta, que las condenen como inútiles para ejercitar el genio. Qué poco saben estos, cuáles son, y cómo se hacen los experimentos físicos, en que se ejercitan tantos sabios y sublimes espíritus de Francia, Italia, Inglaterra, y Alemania: cuántas vueltas y revueltas se da a todo experimento, a fin de precaver cualquiera apariencia engañosa: qué modos tan sutiles se discurren para examinar, colocando en diferentísimas circunstancias el objeto, si el fenómeno nace de aquella causa que primero se presenta a los ojos, o de otra accidental y escondida: qué combinaciones tan exactas, tan precisas, tan cabales se hacen de unos experimentos con otros, pesando el discurso en delicadísima balanza, así las analogías, como las discrepancias, para sacar con certeza casi matemática las consecuencias: con qué sagacidad se buscan [269] a la naturaleza los más imperceptibles resquicios, para penetrar por ellos sus más retirados secretos. Ciertamente, yo hallo más delicadeza de ingenio y más perspicacia en muchos de los experimentos del famoso Boyle, que en todas las abstracciones y reduplicaciones que he oído a los más ingeniosos Metafísicos. ( Benito Jerónimo Feijoo: “Teatro Critico Universal”.Tomo V)

5

Del astrólogo Juan Morín

                     1. Muy señor mío: Notable objeción es la que Vmd. me propone contra lo que he escrito de la vanidad de la Astrología Judiciaria; que oyó en un corrillo hablar de un Astrólogo Francés, llamado Morin, cuyos Pronósticos nunca, o rarísima vez fueron falsificados por los sucesos; y por tanto estimado, y gratificado el Autor por varios Príncipes, entre ellos el Rey Cristianísimo Luis XIII; y que el Caballero que dio esta noticia, añadía, que si yo la hubiese [294] tenido cuando escribí el primer Tomo del Teatro, no me explicaría tan resuelto contra aquel Arte.

                        2. Señor mío, si cualquiera especie de corrillo ha de pasar por legítima impugnación de mis aserciones, puede Vmd. arrojar desde luego todos los Tomos del Teatro Crítico al río o a otra peor parte. ¿Mas qué extraño que Vmd. en una Carta privada me proponga un tal argumento, habiendo visto, que otros no se han corrido de impugnarme en Escritos impresos con cuentos de Viejas, y de Niños, con especies de Cocina, y de Bodegones, con dicterios de Lacayos, y Cocheros?

                       3. Del Astrólogo Juan Bautista Morin tengo acaso más específicas, y individuales noticias que el Caballero que hizo ostentación de ellas en el corrillo. La primera profesión que tuvo, y ejerció este hombre, fue la de Médico. Abandonó después la Medicina para darse todo a la Astrología, que fue lo mismo (seame lícito decirlo así) que repudiar una Tuerta para casarse con una Ciega. La Medicina ve poco. La Astrología nada. Aquélla conjetura, ésta sueña. Lo muy singular del caso fue, que al mismo tiempo, y en el mismo lance en que Morin dejó la Medicina, porque así se hiciese un género de compensación de pérdida; y ganancia entre las dos Facultades. Vivía Morin en París en la Casa del señor Claudio Dormi, Obispo de Boloña, como Médico suyo. Este Prelado tenía al mismo tiempo consigo un Astrólogo Escocés, llamado Davison. La concurrencia de el Astrólogo, y del Médico bajo un mismo techo motivó en los dos diversas reflexiones sobre las dos Facultades, cuya resulta fue, que Morin, tediado de la incertidumbre de la Medicina, se dio a la Astrología; y Davison, enterado de la vanidad de la Astrología, se aplicó a la Medicina. A esta cuenta Morin esperaba hallar en las tinieblas la luz que le faltaba en los crepúsculos.

                           4. Pero vamos a su pretendido acierto en los Pronósticos. Dícese, que predijo la prisión que padeció su Patrono el Obispo de Boloña. Que contra las predicciones de los demás [295] Astrólogos, los cuales aseguraban, que el Rey Luis XIII, a la sazón enfermo en León de Francia, moriría de aquella enfermedad, pronosticó su mejoría, como en efecto la logró. Que al mismo Rey en otra ocasión dijo, que si tal día salía de casa, le amenazaban los Astros de una desdicha. Salió el Rey a la tarde, y dio una caída. Que acertó con el tiempo de la muerte del mismo Príncipe, con la leve diferencia de muy pocos días. Que erró sólo diez horas el tiempo de la muerte del Cardenal de Richelieu, y pocos días el de la muerte del gran Gustavo. En fin, que habiendo visto el horóscopo del Marqués de Cinq-Mars, predijo, que había de morir degollado, como en efecto lo fue.

                       5. Esto es todo lo que he leído a favor de la Ciencia astrológica de Morin, lo cual, aun cuand sea todo verdad, nada prueba. Es verosímil, que este Profesor, infatuado como estaba de su Judiciaria, y empleado en el uso de ella por muchos años, produjese innumerables predicciones. ¿Qué mucho, que entre tantas, el caso sacase seis, o siete verdaderas? Antes sería una rarísima contingencia, que todas saliesen falsas. Aquí viene lo de Cicerón, haciendo esta misma reflexión contra los Astrólogos de su tiempo: Quis est, qui totum diem iaculans, non aliquando colimet?

6. ¿Y no podríamos desconfiar de la relación de esas predicciones? Creo que sí. Yo no he visto citar por ellas sino al Autor que escribió la vida del mismo Morin, el cual, sin temeridad, se puede recusar como apasionado. El Autor, en quien le he visto citado, no le nombra. Acaso será Anónimo; y siéndolo, basta la afectación de ocultarse, para que le tengamos por sospechoso. Mas séalo, o no, es difícil concebir, que en el empeño de hacer plausible en el mundo por sus predicciones a Morin, no interviniese algún motivo de pasión, o interés.

7. Pero no es menester embarazarnos en esto; porque, como he dicho, la verificación de seis, o siete Pronósticos, nada hace para el crédito de un Astrólogo que erró otros infinitos. Lo más es, que casi todos esos que se alegan, aun considerados independientemente en los demás, que salieron [296] falsos, más merecen desprecio, que admiración; lo que probaré fácilmente examinándolos a la luz de la Crítica.

8. El presagio de la prisión del Obispo de Boloña pudo ser más conjetura política, que adivinación astrológica. Este Prelado era uno de aquellos genios que llaman los Franceses intrigantes, hombre ambicioso, inquieto, entremetido en los negocios de estado; y por lo que después se vió, imbuido de designios opuestos a los del Ministro, que entonces gobernaba despóticamente la Monarquía Francesa (El Cardenal Richelieu). En efecto estos designios, pasando a ser obras, ocasionaron su encarcelamiento. Fácil es discurrir, que Morin, doméstico, y confidente del Prelado supiese sus resoluciones, antes que éstas se manifestasen al Público; y considerando sus fuerzas muy inferiores (como realmente lo eran) a las del Cardenal Ministro, Juzgase casi moralmente cierta su prisión, que es cuanto castigo podía temerse, respecto de un Príncipe Eclesiástico. Fuera de que cualquiera leve insinuación de temer en orden a la prisión, y aun a desgracia en general, que precediese de parte de Morin; visto el suceso, se preconizaría, como predicción positiva, y determinada, que es lo que sucede cada día.

9. Para el Pronóstico de la mejoría del Rey en la enfermedad que padeció en León, bastaba a Morin la Ciencia médica, sin recurrir a la astrológica; pues aunque estaba distante del enfermo, es de creer, que tuviese noticias bien circunstanciadas del carácter de la enfermedad. Pero la verdad es, que para dicho Pronóstico no necesitaba ser Astrólogo, ni Médico. Gente enteramente idiota, a cada paso acierta Pronósticos semejantes. Basta saber, que es mucho menor el número de las enfermedades mortales, que el de las que no lo son, para que cualquiera, siendo consultado sobre el éxito, si no ve señales positivamente funestas, habiendo de pronunciar por vida, o muerte, se incline a aquélla, y no a ésta.

10. El cuento de la caída del Rey es ridículo; y más prueba la vanidad de la Ciencia Astrológica, que el acierto del Astrólogo. Había amenazado éste con un infortunio al Rey, [297] si salía tal día de casa; y el infortunio para, en que enredándose al Rey un pie en una cuerda, armada para coger pájaros, cae en suelo llano, sin hacerse daño alguno, ni aun levísimo. ¿Quién podrá contener la risa, viendo jactar este accidente, como cumplimiento del Pronóstico? Si éste se reputa infortunio, adversidad, u desastre, pocas veces sale nadie de su casa, a quien no suceda alguna desdicha; pues cualquiera objeto desagradable que se presente a sus ojos, u a sus oídos, al tacto, al olfato, &c. da más que padecer, y que sentir, que una caída tan inocente.

11. La adivinación de la muerte del Rey, consideradas las circunstancias, en vez de autorizar al Astrólogo, le desacredita. Se ha de advertir, que cuando Morin pronunció el Pronóstico, estaba el Rey gravísimamente enfermo, y todos los Médicos, convenidos en que no podía escapar, sólo discordaban en el día fatal. En estas circunstancias el anuncio de la muerte, proferido por un Astrólogo, que juntamente era Médico, nada significa a favor de la Astrología. Aun sin ser Médico, ni Astrólogo, podría asegurarla fundado solamente en la uniforme atestación de los Médicos. Aun cuando acertase en designación del día, podría atribuirse, o al acaso, o al conocimiento médico. Pero el mal es, que Morin erró cuanto en aquellas circunstancias (supuesta la incurabilidad del mal, notoria a todos los Médicos) se podía errar. El Rey estaba enfermo, según cuenta Mr. Larrei en el primer Tomo de la Historia de Luis XIV, desde el día 21 de Febrero. El mal se fue agravando poco a poco, de modo, que antes de acabarse el mes de Abril le daban los Médicos pocos días de vida. El día 29 de este mes, pronunció Morin, hablando con el admirable Gasendo, que moriría el 8 de Mayo; pero se añade, que a otros dijo, que en caso de escapar aquel día, llegaría el 16, o 17 del mismo mes. Todo salió falso, porque el Rey murió el día 14.

12. El yerro de diez horas en la muerte de Richelieu no es muy leve yerro para un Médico, si el Pronóstico se hizo, como yo creo, cuando el Cardenal estaba ya muy apurado de la enfermedad, de que murió. [298]

13. El de pocos días en la del gran Gustavo, que se hallaba a la sazón sano, robusto, y tenía treinta y ocho años de edad, dejaría algún lugar a la jactancia del Astrólogo, si el propio no lo hubiera echado a perder con la misma solución, con que quiso disculpar el yerro. Dijo, que el tiempo del nacimiento de aquel Héroe no se había señalado con la precisión debida, interviniendo en la noticia el yerro de algunos minutos. Esto desbarata enteramente al Pronóstico, y muestra la mala fe con que procedía Morin. Todos los Judiciarios asientan, que la diferencia de uno, u dos minutos en el nacimiento; induce, no una diferencia leve, sino muy grande en la fortuna. Y de esta máxima se sirven para responder al argumento, que se les hace de la suma desigualdad de fortunas, que se ha observado varias veces entre los Gemelos, siendo así, que coinciden en el tiempo del nacimiento; y de otros infinitos hijos de diferentes madres, que nacen en el mismo o casi en el mismo punto; y de los cuales uno sube hasta poner debajo de sus pies el mundo; y otro queda debajo de los pies de todos; uno muere en la infancia, y otro vive un siglo. Puesto esto, es trampa ridícula atribuir al yerro de pocos días en su muerte, pretendiendo con este recurso salvar, en el poco más o menos todo el acierto, que supuesto aquel yerro, era posible al Astrólogo; pues la diferencia de un solo minuto era capaz de prometerse de parte de los Astros, o ya cien años, o ya sólo pocos días de vida. Así Morin no debía atribuirse, ni un átomo de acierto en aquel caso; sí sólo contentarse con decir, que aquel pronóstico debía mirarse como si no fuese, y no entrarle en la lista, ni de sus yerros ni de sus aciertos.

                          14. La predicción de que el Marqués de Cinq-Mars había de ser degollado, se refiere de un modo, que cierra la puerta a las soluciones particulares que he dado a las pasadas. Cuéntase, que se le presentó a Morin el tema natalicio de aquel infeliz Señor, callando el sujeto; y Morin, por la precisa inspección del tema, pronunció la sentencia de [299] degüello. ¿Pero quíen nos asegurará, que no intervino en ello alguna trampa? Es verosímil, que la consulta se hiciese al Astrólogo, cuando ya Cinq-Mars estaba preso por crimen de Lesa Majestad; porque este fue el tiempo, en que en toda la Francia apenas se pensaba, ni discurría en otra cosa, que en el destino de aquel ilustre Reo: más de 14 meses de prisión precedieron al suplicio, dando motivo para esperar alguna gracia el mucho amor que le tenía el Rey; y para temer todo el rigor de la justicia, junto con la calidad del crimen, el odio con que le miraba Richelieu. Los que discurrían lo peor, eran los que discurrían más bien; porque el Ministro era dueño de todas las acciones del Rey, quien, siempre que se ofrecía, sacrificaba sus pasiones a las del Valído. ¡Cuán fácil es, que en tales circunstancias alguno de los que intervenían en la Consulta, a escondidas obrase de concierto con el Astrólogo, y le revelase el sujeto de ella! ¡Cuán fácil es también, que el mismo Astrólogo, por medio de algún emisario, solicitase dolosamente la Consulta! En cualquiera de los dos casos no hallaría dificultad alguna en la respuesta, quien tuviese no más que un mediano conocimiento político. Así pudo acertar Morin al Pronóstico, por el mal aspecto del Ministro hacia el Reo, sin atender a que fuese adverso, o propicio el de los Astros, como en la verdad, no por el influjo de éstos, sino de aquél, murió Cinq-Mars en un cadalso.

15. Si a Vmd. o al Panegirista de Morin no agradare esta solución, tome la general, de que un acierto, a vuelta de muchos yerros, se debe reputar efecto de la casualidad y no del arte.

16. Si algún curioso Parisiense hubiese tenido el gusto de averiguar, y apuntar todos los Pronósticos de Morin, que por falsificados enteramente en los sucesos, le expusieron a la irrisión pública, no dudo podría componer con la relación de ellos un volumen muy crecido, y nada ingrato a los Lectores. Algunos pocos de estos Pronósticos falsificados he leído, que referiré a Vmd. sucintamente:

17. Al Conde de Chavigni, Secretario de Estado, predijo [300] para tal tiempo una enfermedad. Gozó el Conde en el tiempo señalado perfecta salud; pero padeció otro trabajo, que fue el de verse preso, de que no se había acordado el Astrólogo.

18. Al ilustre Gasendo, que hacía pública mofa de su Astrología, viéndole enfermo el año de 1650, pronosticó que moriría a últimos de Julio, o primeros de Agosto, refiriéndolo a muchas personas, como seguro del suceso. Pero Gasendo convaleció perfectamente antes de llegar el plazo señalado, y mucho tiempo después no padeció detrimento alguno en la salud.

19. El anuncio que más irrisible le hizo, fue el de que el Anti-Cristo ya había nacido, y que muy presto se descubriría, y haría dueño del mundo, señalando los medios de que había de usar para la expugnación de todos los Reinos.

20. Cuéntase también, que a un desdichado Caballero joven ocasionó la muerte, vaticinándole que había de ser muy dichoso en las armas, y principalmente en los Duelos, de que provino, que aquel Noble se metió a pendenciero, y murió luego en un desafío.

Pienso haber dado a Vmd. bastantes noticias para no estar mudo en la conversación, si otra vez se ofreciese hablar del Astrólogo Morin; y esto basta por ahora para mi satisfacción. Nuestro Señor guarde a Vmd.

B.JERÓNIMO FEIJOO: “Cartas Eruditas y Curiosas-Tomo I.Carta XXXVIII-Del Astrólogo Juan Morín”

6

Tierras concejiles

                     Acaso convendrá extender la misma providencia á las tierras concejiles, para entregarlas al interés individual y ponerlas en útil cultivo. Si por una parte esta propiedad es tan sagrada y digna de protección como la de los particulares, y si es tanto más recomendable cuanto su renta está destinada á la conservación del estado civil y establecimientos municipales de los concejos, por otra es difícil de concebir cómo no se haya tratado hasta ahora de reunir el interés de los mismos pueblos con el de sus individuos, y de sacar de ellas un manantial de subsistencias y de riqueza pública. Las tierras concejiles, divididas y repartidas en enfiteusis ó censo reservativo, sin dejar de ser el mayorazgo de los pueblos ni de acudir mas abundantemente á todas las exigencias de su policía municipal, podrían ofrecer establecimiento á un gran número de familias, que ejercitando en ellas su interés particular les harían dar considerables productos, con gran beneficio suyo y de la comunidad á que perteneciesen.

                          Vuestra Alteza ha sentido la fuerza de esta verdad cuando, por sus providencias de 1768 y de 1770, acordó el repartimiento de las tierras concejiles á los pelentrines y pegujareros de los pueblos. Pero sea lícito á la Sociedad observar que estas providencias recibirían mayor perfección si los repartimientos se hiciesen en todas partes y de todas las tierras y propiedades concejiles; si se hiciesen por constitución de enfiteusis ó censo reservativo y no por arrendamientos temporales, aunque indefinidos; y, en fin, si se proporcionase á los vecinos la redención de sus pensiones y la adquisición de la propiedad absoluta de sus suertes. Sin estas calidades el efecto de tan saludable providencia será siempre parcial y dudoso, porque solo una propiedad cierta y segura puede inspirar aquel vivo interés sin el cual jamás se mejoran ventajosamente las suertes; aquel interés que, identificado con todos los deseos del propietario, es el primero y más fuerte de los estímulos que vencen su pereza y lo obligan á un duro é incesante trabajo.

                        Ni la Sociedad hallaría inconveniente en que se hiciesen ventas libres y absolutas de estas tierras. Es ciertamente muy extraña á sus ojos la máxima que conserva tan religiosamente los bienes concejiles, al mismo tiempo que priva á las comunidades de los mas útiles establecimientos. La desecación de un lago, la navegación de un río, la construcción de un puerto, un canal, un camino, un puente, costeados con el precio de los propios de una comunidad, favoreciendo su cultivo y su industria, facilitando la abundancia de sus mercados y la extracción de sus frutos y manufacturas, podrían asegurar permanentemente la felicidad de todo su distrito. ¿Qué importaría que esta comunidad sacrificase sus propios á semejante objeto? Es verdad que sus vecinos tendrían que contribuir por repartimiento á la conservación de los establecimientos municipales; pero si por otra parte se enriqueciesen, ¿no sería mejor para ellos teniendo cuatro pagar dos, que no pagar ni tener nada?

Por esto, aunque la Sociedad halla en los repartimientos de estas tierras más justicia y mayores ventajas, no desaprobaría la venta y enajenación absoluta de algunas porciones donde su abundancia y el ansia de compradores convidasen á preferirla. Su precio, impuesto en los fondos públicos, podría dar á las comunidades una renta mas pingüe y de mas fácil y menos arriesgada administración, la cual, invertida en obras necesarias ó de utilidad conocida, haría á los pueblos un bien más grande, seguro y permanente que el que produce la ordinaria inversión de las rentas concejiles.

La costumbre de dar á los pueblos dehesas comunes, para asegurar la cría de bueyes y potros, puede presentar algún reparo á la generalidad de esta providencia. Pero si la necesidad de tales recursos tiene algún apoyo en el presente trastorno de nuestra policía rural, no dude Vuestra Alteza que desaparecerá enteramente cuando este ramo de legislación se perfeccione, pues entonces no solo no serán necesarios sino que serán dañosos. El ganado de labor merecerá siempre el primer cuidado de los colonos, y en falta de pastos públicos no habrá quien no asegure dentro de su suerte el necesario para sus rebaños, en prados de guadaña si lo permite el clima, ó en dehesas si no. ¿Qué otra cosa se ve en las provincias mas pobladas y de mejor cultivo, donde no se conocen tales dehesas?

Es muy recomendable, á la verdad, la conservación de las razas de buenos y generosos caballos para el ejército; pero, ¿puede dudarse que el interés perfeccionará esta cría mejor que las leyes y establecimientos municipales; que la misma escasez de buenos caballos, si tal vez fuese una consecuencia momentánea del repartimiento de las dehesas de potros, será el mayor estímulo de los criadores por la carestía de precios consiguiente á ella? ¿Por qué se crían en pastos propios y con tanto esmero los mejores potros andaluces, sino porque son bien pagados? ¿Tiene por ventura otro estímulo el espantoso aumento á que ha llegado la cría de mulas, que la utilidad de esta granjería? El que reflexione que se crían con el mayor esmero en los pastos frescos de Asturias y Galicia, que se sacan de allí lechuzas para vender en las ferias de León, que pasan después á engordar con las yerbas secas y pingües de la Mancha para poblar al fin las caballerizas de la Corte, ¿cómo dudará de esta verdad? Así es como la industria se agita, circula y acude donde la llama el interés. Es, pues, preciso multiplicar este interés multiplicando la propiedad individual, para dar un grande impulso á la agricultura. (G.M. de JOVELLANOS: “Informe sobre la Ley Agraria)

7

INSTRUYENDO A LOS LABRADORES

                   El segundo medio de acercar las ciencias al interés consiste en la instrucción de los labradores. Sería cosa ridícula quererlos sujetar a su estudio; pero no lo será proporcionarlos a la percepción de sus resultados y he aquí nuestro deseo. La empresa es grande por su objeto, pero sencilla y fácil por sus medios. No se trata sino de disminuir la ignorancia de los labradores, o por mejor decir, de multiplicar y perfeccionar los órganos de su comprensión. La Sociedad no desea para ellos sino el conocimiento de las primeras letras, esto es, que sepan leer, escribir y contar.¡Qué espacio tan inmenso no abre este sublime, pero sencillo conocimiento, a las percepciones del hombre! Una instrucción, pues, tan necesaria a todo individuo para perfeccionar las facultades de su razón y de su alma, tan provechosa a todo padre de familias para conducir los negocios de la vida civil y doméstica, y tan importante a todo gobierno para mejorar el espíritu y el corazón de sus individuos, es la que desea la Sociedad, y la que bastará para habilitar al labrador, así como a las demás clases laboriosas ,no sólo para percibir más fácilmente las sublimes verdades de la religión y la moral, sino también las sencillas y palpables de la física, que conducen a la perfección de sus artes. Bastará que los resultados, los descubrimientos de las ciencias más complicadas, se desnuden del aparato y jerga científica y se reduzcan a claras y simplicísimas proporciones, para que el hombre más rudo las comprenda cuando los medios de su percepción se hayan perfeccionado.

                     Dígnese, pues, Vuestra Alteza de multiplicar en todas partes la enseñanza de las primeras letras; no haya lugar, aldea ni feligresía que no la tenga; no haya individuo, por pobre y desvalido que sea, que no pueda recibir fácil y gratuitamente esta instrucción. Cuando la nación no debiese este auxilio a todos sus miembros, como el acto más señalado de su protección y desvelo, se le debería sí misma, como el medio más posible de aumentar su poder y su gloria. Por ventura,¿no es el más vergonzoso testimonio de nuestro descuido ver abandonado y olvidado un tramo de instrucción tan general, tan necesaria, tan provechosa, al mismo tiempo que promovemos con tanto ardor los institutos de enseñanza parcial, inútil o dañosa?

                       Por fortuna la de las primeras letras es la más fácil de todas y puede comunicarse con la misma facilidad que adquirirse. No requiere ni grandes sabios para maestros, ni grandes fondos para su honorario; pide sólo hombres buenos, pacientes y virtuosos, que sepan respetar la inocencia y que se complazcan de instruirla(...)¡De cuántos riesgos, de cuántos extravíos no se salvarían los ciudadanos si se desterrase de sus ánimos la crasa ignorancia que generalmente reina en tan sublimes materias!¡Pluguiera a Dios que no hubiese tantos ni tan horrendos ejemplos del abuso que puede hacer la impiedad de la simplicidad de los pueblos, cuando no las conocen!

                     Instruida la clase propietaria en los principios de las ciencias útiles, y perfeccionando en las demás los medios de aprovecharse de sus conocimientos, es visto cuánto provecho se podrá derivar a la agricultura y artes útiles. Bastará que los sabios, abandonando las vanas investigaciones, que sólo pueden producir una sabiduría presuntuosa y estéril, se conviertan del todo a descubrir verdades útiles, y a simplificarlas y acomodarlas a la comprensión de los hombres iliteratos, y a desterrar en todas partes aquellas absurdas opiniones que tanto retardan la perfección de las artes necesarias, y señaladamente la del cultivo.

( Melchor G. De Jovellanos:"Informe sobre la Ley Agraria")

8

Formando Cartillas Rústicas

                 Y contrayéndonos a este objeto, cree la Sociedad que el medio más sencillo de comunicar y propagar los resultados de las ciencias útiles entre los labradores seria el de formar unas cartillas técnicas que, en estilo llano y acomodado á la comprensión de un labriego, explicasen los mejores métodos de preparar las tierras y las semillas y de sembrar, coger, escardar, trillar y aventar los granos, y de guardar y conservar los frutos y reducirlos á caldos ó harinas; que describiesen sencillamente los instrumentos y máquinas del cultivo y su más fácil y provechoso uso, y finalmente que descubriesen y como que señalasen con el dedo todas las economías, todos los recursos, todas las mejoras y adelantamientos que puede recibir esta profesión.

                    No desea la Sociedad que estas cartillas se enseñen en las escuelas, cuyo único objeto debe ser el conocimiento de las primeras Letras y de las primeras verdades. Tampoco quiere obligar á los labradores á que las lean y menos á que las sigan, porque nada forzado es provechoso. Solo quisiera que hubiese quien se encargase le convencerlos del bien que pueden sacar de estudiarlas y seguirlas, y esto lo espera la Sociedad primeramente del interés de los propietarios. Cuando este interés se haya ilustrado, será muy fácil que conozca las ventajas que tiene en comunicar su ilustración.

                       ¿Y por qué no esperará lo mismo del celo de nuestros párrocos? ¡Ojalá que, multiplicada la enseñanza de las ciencias útiles, pudiesen derivarse sus principios á esta preciosa é importante clase del Estado! ¡Ojalá que se difundiesen en ella, para que los párrocos fuesen también en esta parte los padres é institutores de sus pueblos!. ¡Dichosos entonces los pueblos! ¡Dichosos cuando sus pastores, después de haberles mostrado el camino de la eterna felicidad, abran á sus ojos los manantiales de la abundancia y les hagan conocer que ella sola, cuando es fruto del honesto y virtuoso trabajo, puede dar la única bienandanza que es concedida en la tierra! ¡Dichosos también los párrocos si, destinados á vivir en la soledad de los campos, hallaren en el cultivo de las ciencias útiles aquel atractivo que hace tan dulce la vida en medio del grande espectáculo de la naturaleza, y que levantando el corazón del hombre hasta su Creador lo abre á la virtud en que más se complace, y que es la primera de su santo ministerio!

Pero sobre todo, Señor, espere Vuestra Alteza mucho en este punto del celo de las Sociedades Patrióticas. Aunque imperfectas todavía, aunque faltas de protección y auxilio, ¡qué de bienes no hubieran hecho ya a la agricultura si los labradores fuesen capaces de recibirlos y aprovecharlos! Desde su creación trabajaron incesantemente, y aplican todo su celo y todas sus luces a la mejora de las artes útiles y singularmente de la agricultura, primer objeto de sus institutos y de sus tareas. Aunque perseguidas en todas partes por la pereza y la ignorancia, aunque silbadas y menospreciadas por la preocupación y la envidia, ¿qué de experimentos útiles no han hecho, qué de verdades importantes no han examinado y comunicado a los pueblos? Sus extractos, sus memorias, sus disertaciones premiadas y publicadas bastan para probar que en el corto período que sucedió desde su erección hasta el día se ha escrito más y mejor que en los dos siglos que lo precedieron, sobre los objetos que pueden conducir una nación á su prosperidad. Y si tanto han hecho sin el auxilio de las ciencias útiles, sin protección y sin recursos y aun sin opinión ni apoyo, ¿qué no harán cuando, difundidos por todas partes los principios de las ciencias exactas y naturales y habilitado el pueblo para recibir su doctrina, se dediquen a acercar la instrucción al interés, que debe ser el grande objeto del gobierno?

Ellas solas, Señor, podrán difundir por todo el reino las luces de la ciencia económica y desterrar las funestas opiniones que la ignorancia de sus principios engendra y patrocina, y ellas solas serán capaces, con el tiempo, de formar las cartillas que llevamos indicadas. Los trabajos de los sabios solitarios y aislados no pueden tener tanta influencia en la ilustración de los pueblos, ó porque hechos en el retiro de un gabinete cuentan rara vez con los inconvenientes locales y con las luces de la observación y la experiencia, ó porque aspiran demasiado á generalizar sus consecuencias y producen una luz dudosa que guía tal vez al error mas bien que al acierto. Las Sociedades no darán en tales inconvenientes. Situadas en todas las provincias, compuestas de propietarios, de magistrados, de literatos, de labradores y artistas, esparcidos sus miembros en diferentes distritos y territorios, reuniendo como en un centro todas las luces que puedan dar el estudio y la experiencia é ilustradas por medio de repetidos experimentos y de continuas conferencias y discusiones, ¿cuánto no podrán concurrir á la propagación de los conocimientos útiles por todas las clases?

He aquí , Señor, dos medios fáciles y sencillos de mejorar la instrucción pública, de difundir por todo el reino los conocimientos útiles, de desterrar los estorbos de opinión que retardan el progreso del cultivo y de esclarecer a todos sus agentes para que puedan perfeccionarlo. Si algo resta entonces para llegar al último complemento de nuestros deseos, será el remover los estorbos naturales y físicos que lo detienen, tercero y último punto de este informe, que procuraremos desempeñar brevemente.

(G.M. de JOVELLANOS: “Informe sobre la Ley Agraria” )

9

DISCURSO AL REY PARA LA INSTUCCIÓN PÚBLICA

Señor:

                         Más de una vez he oído con el mayor placer en boca de V. M. aquella verdad importantísima que debiera estar impresa en el corazón de todos los Monarcas, a saber: que la Educación, por su grande influencia en las virtudes y en los vicios del hombre, es la primera y más general causa de los bienes y de los males de las Naciones. Por lo mismo, no debo dudar que V. M. reconoce como una de sus primeras obligaciones el mejorarla en sus dominios, así como yo reconozco que la de elevar a su suprema atención los medios de conseguirlo es la primera y más fuerte obligación de mi ministerio.

                      Desempeñándola ahora con V. M., le propondré cuanto juzgo conveniente acerca de este grande objeto; y si, de una parte, las imperiosas circunstancias del día exigen de V. M. que vuelva a este punto toda su atención, por otra, la espero del celo ardiente y generoso con que V. M. desea y promueve el bien de sus vasallos.

                       Sí, Señor: no hay bien que no pueda alcanzarse, no hay mal que no se pueda evitar y destruir por medio de la instrucción, que es el efecto y el fin de la educación; ella es por quien las Naciones prosperan, y sólo por su falta decaen y se arruinan. Con ella, la Agricultura, la Industria, el Comercio, la Navegación, todas las fuentes del poder y la riqueza pública y privada, se perfeccionan, mientras que, sin ella, todas se desalientan, y atrasan, y decaen. Por ella, se propagan los buenos principios, así en el orden moral, como en el civil; se mejoran las costumbres, se difunden las virtudes sociales y se destierran aquellos groseros y funestos vicios que son efecto necesario de la ignorancia y origen cierto y inevitable de la decadencia y ruina de los pueblos.

Cuando yo represento a V. M. la Instrucción pública, como fuente de tantos bienes, hablo de la instrucción sólida y buena, no de aquella liviana y depravada que es causa de tantos excesos y desórdenes, y que, corrompiendo todos los principios de la moral pública y privada, produce, tarde o temprano, la ruina de los Imperios. Semejante instrucción puede tal vez producir alguna ventaja o alguna gloria, pero, a la larga, producirá la confusión y la desolación de los que la profesan y la abrazan.

                       De aquí es: Primero: que los Soberanos son estrechamente obligados a propagar toda buena instrucción. Segundo: que esta bondad de la Instrucción pública se debe calificar por sus objetos; estos objetos, o fines, se pueden reducir a dos: el bien físico y el bien moral de los individuos y los Estados. El primero comprende todos aquellos conocimientos que, adelantando las artes y profesiones útiles, producen la riqueza de los individuos y el poder de las sociedades; el segundo: aquellos principios de moral pública y privada que hacen al hombre virtuoso y a las sociedades, justas. De estas dos clases de conocimientos pende toda la fuerza, todo el esplendor, toda la verdadera y sólida prosperidad de los Imperios. Así que toda instrucción que se encamine a estos fines es buena; la que se aleja de ellos, dañosa o, por lo menos, vana e inútil. Lo demás es humo y oquedad.

Sobre estos sencillos principios, se apoyará el Plan de educación pública, que yo propondré a V. M. para que sus súbditos alcancen cuanto han menester, para ser, de una parte, ricos y poderosos, y de otra, religiosos y justos.

Según esos objetos, dividiré las ciencias en dos principales ramos: Primero: las que buscan directamente aquellas verdades que perfeccionan las facultades físicas del hombre. Segundo: las que perfeccionan sus facultades morales. Y como haya una porción de conocimientos preliminares que sean necesarios para alcanzarlas, formaré de ellos una clase preliminar, la cual dividiré en otras dos clases con respecto a sus objetos. A la primera, pertenecerá cuanto dice relación al uso de nuestra razón, en la indagación de las verdades morales, y a la segunda, a la de las verdades naturales. La primera abraza la filosofía especulativa o racional; la segunda, la práctica o natural.

Todo estudio debe empezar por el conocimiento científico de nuestra lengua, esto es, de la Gramática Castellana. Las lenguas no son otra cosa que unos instrumentos para enunciar nuestras ideas; es, pues, necesario conocer este instrumento y su recto uso, antes de aplicarle a la indagación de las verdades útiles. Este estudio se extiende al de la Retórica y la Poética, cuyos principios tienen por fin el uso de nuestra lengua, esto es, el instrumento de la comunicación de nuestras ideas, con más exactitud y más gracia.

(Borrador aparte.)

Procuraré después desempeñarla, y lo haré con tanto más gusto y constancia, cuanto de una parte veo que en este es el objeto que puede dar más gloria a V. M. y más provecho a sus pueblos; y de otra, él ha sido a quien yo he consagrado mi estudio y mis desvelos en todo el discurso de mi vida.

Ante todas cosas, deseo que V. M. se persuada de que ninguna reforma es tan necesaria y tan importante como la de la Educación. Bajo este nombre, se comprende cuanto dice relación a la Instrucción pública, y esta instrucción es la primera fuente de la prosperidad de las Naciones. De ella se deriva su riqueza: ella abre las fuentes de la riqueza pública, perfecciona la Agricultura, extiende y anima la Industria, da actividad y vigor a la Navegación y al Comercio, y aumentando la riqueza y el poder de las Naciones, labra y asegura su prosperidad.

Y si no, dígnese V. M. de volver por un instante los ojos hacia las que llaman fuentes de la riqueza y del poder de una Nación, y hallará cuanta relación…(Interrumpido)

. ( G.M. de JOVELLANOS: “Bases para la Formación de n Plan General de Instrucción Pública” Discurso al Rey )

10

Juegos de Pelota



Los juegos públicos de pelota22 bolos, bochas, tejuelo y otros. Las corridas de caballos, gansos y gallos, las soldadescas, y comparsas de moros y cristianos son asimismo de grande utilidad, pues sobre ofrecer una honesta recreación a los que juegan y a los que miran, hacen en gran manera ágiles y robustos a los que los ejercitan y mejoran, por tanto, la educación física de los jóvenes. Puede decirse lo mismo de los juegos de y otras diversiones generales son tanto más dignas de protección cuanto más fáciles y menos exclusivas, y por lo mismo merecen ser arregladas y multiplicadas. Se clama continuamente contra los inconvenientes de semejantes usos, pero ¿qué objeto puede ser más digno del desvelo de una buena policía? ¡Rara desgracia, por cierto, la de no hallar medio en cosa alguna! ¿No le habrá entre destruir las diversiones a fuerza de autoridad y restricciones, o abandonarlas a una ciega y desenfrenada licencia?

Acaso cuanto he dicho será oído con escándalo por los que miran estos objetos como frívolos e indignos de la atención de la magistratura. ¿Puede nacer este desdén de otra causa que de inhumanidad o de ignorancia, de no ver la relación que hay entre las diversiones y la felicidad pública o de creer mal empleada la autoridad cuando labra el contento de los ciudadanos? Llena nuestra vida de tantas amarguras, ¿qué hombre sensible no se complacerá en endulzar algunos de sus momentos?

G.M. de Jovellanos: “Memoria sobre Espectáculos y Diversiones Públicas” II Parte. Diversiones Ciudadanas

11

Teatros

Esta reflexión me conduce a hablar de la reforma del teatro, el primero y más recomendado de todos los espectáculos, el que ofrece una diversión más general, más racional, más provechosa, y por lo mismo el más digno de la atención y desvelos del gobierno. Los demás espectáculos divierten hiriendo fuertemente la imaginación con lo maravilloso o regalando blandamente los sentidos con lo agradable de los objetos que presentan. El teatro, a estas mismas ventajas que reúne en supremo grado junta la de introducir el placer en lo más íntimo del alma, excitando por medio de la imitación todas las ideas que puede abrazar el espíritu y todos los sentimientos que pueden mover el corazón humano.

De este carácter peculiar de las representaciones dramáticas se deduce que el gobierno no debe considerar el teatro solamente como una diversión pública, sino como un espectáculo capaz de instruir o extraviar el espíritu y de perfeccionar o corromper el corazón de los ciudadanos. Se deduce también que un teatro que aleje los ánimos del conocimiento de la verdad fomentando doctrinas y preocupaciones erróneas, o que desvíe los corazones de la práctica de la virtud excitando pasiones y sentimientos viciosos, lejos de merecer la protección merecerá el odio y la censura de la pública autoridad. Se deduce finalmente que aquella será la más santa y sabia policía de un gobierno aquella que sepa reunir en un teatro estos dos grandes objetos: la instrucción y la diversión pública.

No se diga que esta reunión será imposible. Si ningún pueblo de la tierra, antiguo ni moderno, la ha conseguido hasta ahora, es porque en ninguno ha sido el teatro el objeto de la legislación, por lo menos en este sentido; es porque ninguno se ha propuesto reunir en él estos dos grandes fines; es porque la escena en los estados modernos ha seguido naturalmente el casual progreso de su ilustración y debídose al ingenio de algunos pocos literatos, sin que la autoridad pública haya concurrido a ella más que ocasionalmente. Entre nosotros, un objeto tan importante ha estado casi siempre abandonado a la codicia de los empresarios o a la ignorancia de miserables poetastros y comediantes, y acaso el gobierno no se hubiera mezclado jamás a intervenir en él si no lo hubiese mirado desde el principio como un objeto de contribución.

Pero ya es tiempo de pensar de otro modo, ya es tiempo de ceder a una convicción que reside en todos los espíritus, y de cumplir un deseo que se abriga en el corazón de todos los buenos patricios. Ya es tiempo de preferir el bien moral a la utilidad pecuniaria, de desterrar de nuestra escena la ignorancia, los errores y los vicios que han establecido en ella su imperio, y de lavar las inmundicias que la han manchado hasta aquí con desdoro de la autoridad y ruina de las costumbres públicas.

(M.G. de JOVELLANOS: “Memoria sobre Espectáculos y Diversiones Públicas” Parte II. Diversiones Ciudadanas



12

Carta VI. DE Gazel a Ben-Beley

El atraso de las ciencias en España en este siglo, ¿quién puede dudar que procede de la falta de protección que hallan sus profesores? Hay cochero en Madrid que gana trescientos pesos duros, y cocinero que funda mayorazgos; pero no hay quien no sepa que se ha de morir de hambre como se entregue a las ciencias, exceptuadas las de pane lucrando que son las únicas que dan de comer.

Los pocos que cultivan las otras, son como aventureros voluntarios de los ejércitos, que no llevan paga y se exponen más. Es un gusto oírles hablar de matemáticas, física moderna, historia natural, derecho de gentes, y antigüedades, y letras humanas, a veces con más recato que si hiciesen moneda falsa. Viven en la oscuridad y mueren como vivieron, tenidos por sabios superficiales en el concepto de los que saben poner setenta y siete silogismos seguidos sobre si los cielos son fluidos o sólidos.

Hablando pocos días ha con un sabio escolástico de los más condecorados en su carrera, le oí esta expresión, con motivo de haberse nombrado en la conversación a un sujeto excelente en matemáticas: «Sí, en su país se aplican muchos a esas cosillas, como matemáticas, lenguas orientales, física, derecho de gentes y otras semejantes».

Pero yo te aseguro, Ben-Beley, que si señalasen premios para los profesores, premios de honor, o de interés, o de ambos, ¿qué progresos no harían? Si hubiese siquiera quien los protegiese, se esmerarían sin más estímulo; pero no hay protectores.

Tan persuadido está mi amigo de esta verdad, que hablando de esto me dijo:

«En otros tiempos, allá cuando me imaginaba que era útil y glorioso dejar fama en el mundo, trabajé una obra sobre varias partes de la literatura que había cultivado, aunque con más amor que buen suceso. Quise que saliese bajo la sombra de algún poderoso, como es natural a todo autor principiante. Oí a un magnate decir que todos los autores eran locos; a otro, que las dedicatorias eran estafas; a otro, que renegaba del que inventó el papel; otro se burlaba de los hombres que se imaginaban saber algo; otro me insinuó que la obra que le sería más acepta, sería la letra de una tonadilla; otro me dijo que me viera con un criado suyo para tratar esta materia; otro ni me quiso hablar; otro ni me quiso responder; otro ni quiso escucharme; y de resultas de todo esto, tomé la determinación de dedicar el fruto de mis desvelos al mozo que traía el agua a casa. Su nombre era Domingo, su patria Galicia, su oficio ya está dicho: conque recogí todos estos preciosos materiales para formar la dedicatoria de esta obra».

Y al decir estas palabras, sacó de la cartera unos cuadernillos, púsose los anteojos, acercose a la luz y, después de haber ojeado, empezó a leer: «Dedicatoria a Domingo de Domingos, aguador decano de la fuente del Ave María». Detúvose mi amigo un poco, y me dijo: -¡Mira qué Mecenas! Prosiguió leyendo:

«Buen Domingo, arquea las cejas; ponte grave; tose; gargajea; toma un polvo con gravedad; bosteza con estrépito; tiéndete sobre este banco; empieza a roncar, mientras leo esta mi muy humilde, muy sincera y muy justa dedicatoria. ¿Qué? Te ríes y me dices que eres un pobre aguador, tonto, plebeyo y, por tanto, sujeto poco apto para proteger obras y autores. ¿Pues qué? ¿Te parece que para ser un Mecenas es preciso ser noble, rico y sabio? Mira, buen Domingo, a falta de otros tú eres excelente. ¿Quién me quitará que te llame, si quiero, más noble que Eneas, más guerrero que Alejandro, más rico que Creso, más hermoso que Narciso, más sabio que los siete de Grecia, y todos los mases que me vengan a la pluma? Nadie me lo puede impedir, sino la verdad; y ésta, has de saber que no ata las manos a los escritores, antes suelen ellos atacarla a ella, y cortarla las piernas, y sacarla los ojos, y taparla la boca. Admite, pues, este obsequio literario: sepa la posteridad que Domingo de Domingos, de inmemorial genealogía, aguador de las más famosas fuentes de Madrid, ha sido, es y será el único patrón, protector y favorecedor de esta obra.

«¡Generaciones futuras!, ¡familias de venideros siglos!, ¡gentes extrañas!, ¡naciones no conocidas!, ¡mundos aún no descubiertos! Venerad esta obra, no por su mérito, harto pequeño y trivial, sino por el sublime, ilustre, excelente, egregio, encumbrado y nunca bastantemente aplaudido nombre y título de mi Mecenas.

»¡Tú, monstruo horrendo, envidia, furia tan bien pintada por Ovidio, que sólo está mejor retratada en la cara de algunos amigos míos! Muerde con tus mismos negros dientes tus maldicientes y rabiosos labios, y tu ponzoñosa y escandalosa lengua; vuelva a tu pecho infernal la envenenada saliva que iba a dar horrorosos movimientos a tu maldiciente boca, más horrenda que la del infierno, pues ésta sólo es temible a los malvados y la tuya aún lo es más a los buenos.

»Perdona, Domingo, esta bocanada de cosas, que me inspira la alta dicha de tu favor. Pero ¿quién en la rueda de la fortuna no se envanece en lo alto de ella? ¿Quién no se hincha con el soplo lisonjero de la suerte? ¿Quién desde la cumbre de la prosperidad no se juzga superior a los que poco antes se hallaban en el mismo horizonte? Tú, tú mismo, a quien contemplo mayor que muchos héroes de los que no son aguadores, ¿no te sientes el corazón lleno de una noble presunción cuando llegas con tu cántaro a la fuente y todos te hacen lugar? ¡Con qué generoso fuego he visto brillar tus ojos cuando recibes este obsequio de tus compañeros, compañeros dignísimos, obsequio que tanto mereces por tus canas nacidas en subir y bajar las escaleras de mi casa y otras! ¡Ay de aquel que se resistiera! ¡Qué cantarazo llevara! Si todos se te rebelaran, a todos aterrarías con tu cántaro y puño, como Júpiter a los Gigantes con sus rayos y centellas. A los filósofos parecería exceso ridículo de orgullo esta amenaza (y la de otros héroes de esta clase); pero ¿quiénes son los filósofos? Unos hombres rectos y amantes de las ciencias, que quisieron hacer a todos los hombres odiar las necedades; que tienen la lengua unísona con el corazón y otras ridiculeces semejantes. Vuélvanse, pues, los filósofos a sus guardillas, y dejen rodar la bola del mundo por esos aires de Dios, de modo que a fuerza de dar vueltas se desvanezcan las pocas cabezas que aún se mantienen firmes y todo el mundo se convierta en un espacioso hospital de locos»(J. CADALSO VÁZQUEZ: “Cartas Marruecas”-Carta VI)



13

Carta XLIII De Gazel a Nuño

La ciudad en que ahora me hallo es la única de cuantas he visto que se parece a las de la antigua España, cuya descripción me has hecho muchas veces. El color de los vestidos, triste; las concurrencias, pocas; la división de los dos sexos, fielmente observada; las mujeres, recogidas; los hombres, celosos; los viejos, sumamente graves; los mozos, pendencieros, y todo lo restante del aparato me hace mirar mil veces al calendario por ver si estamos efectivamente en el año que vosotros llamáis de 1768, o si es el de 1500, ó 1600 al sumo. Sus conversaciones son correspondientes a sus costumbres. Aquí no se habla de los sucesos que hoy vemos ni de las gentes que hoy viven, sino de los eventos que ya pasaron y hombres que ya fueron. He llegado a dudar si por arte mágica me representa algún encantador las generaciones anteriores. Si esto es así, ¡ojalá alcanzara su ciencia a traerme a los ojos las edades futuras! Pero sin molestarme más en este correo, y reservando el asunto para cuando nos veamos, te aseguro que admiro como singular mérito en estos habitantes la reverencia que hacen continuamente a las cenizas de sus padres. Es una especie de perpetuo agradecimiento a la vida que de ellos han recibido. Pero, pues en esto puede haber exceso, como en todas las prendas de los hombres, cuya naturaleza suele viciar hasta las virtudes mismas, responde lo que te se ofrezca sobre este particular. (J. CADALSO VÁZQUEZ: “Cartas Marruecas”-Carta XLIII)



14

Carta XXXVIII. de Gazel a Ben-Beley

Uno de los defectos de la nación española, según el sentir de los demás europeos, es el orgullo. Si esto es así, es muy extraña la proporción en que este vicio se nota entre los españoles, pues crece según disminuye el carácter del sujeto, parecido en algo a lo que los físicos dicen haber hallado en el descenso de los graves hacia el centro: tendencia que crece mientras más baja el cuerpo que la contiene. El rey lava los pies a doce pobres en ciertos días del año, acompañado de sus hijos, con tanta humildad, que yo, sin entender el sentido religioso de esta ceremonia, cuando asistí a ella me llené de ternura y prorrumpí en lágrimas. Los magnates o nobles de primera jerarquía, aunque de cuando en cuando hablan de sus abuelos, se familiarizan hasta con sus ínfimos criados. Los nobles menos elevados hablan con más frecuencia de sus conexiones, entronques y enlaces. Los caballeros de las ciudades ya son algo pesados en punto de nobleza. Antes de visitar a un forastero o admitirle en sus casas, indagan quién fue su quinto abuelo, teniendo buen cuidado de no bajar un punto de esta etiqueta, aunque sea en favor de un magistrado del más alto mérito y ciencia, ni de un militar lleno de heridas y servicios. Lo más es que, aunque uno y otro forastero tengan un origen de los más ilustres, siempre se mira como tacha inexcusable el no haber nacido en la ciudad donde se halla de paso, pues se da por regla general que nobleza como ella no la hay en todo el reino.

Todo lo dicho es poco en comparación de la vanidad de un hidalgo de aldea. Éste se pasea majestuosamente en la triste plaza de su pobre lugar, embozado en su mala capa, contemplando el escudo de armas que cubre la puerta de su casa medio caída, y dando gracias a la providencia divina de haberle hecho don Fulano de Tal. No se quitará el sombrero, aunque lo pudiera hacer sin embarazarse; no saludará al forastero que llega al mesón, aunque sea el general de la provincia o el presidente del primer tribunal de ella. Lo más que se digna hacer es preguntar si el forastero es de casa solar conocida al fuero de Castilla, qué escudo es el de sus armas, y si tiene parientes conocidos en aquellas cercanías. Pero lo que te ha de pasmar es el grado en que se halla este vicio en los pobres mendigos. Piden limosna; si se les niega con alguna aspereza, insultan al mismo a quien poco ha suplicaban. Hay un proverbio por acá que dice: «El alemán pide limosna cantando, el francés llorando y el español regañando».

(J. CADALSO VÁZQUEZ: “Cartas Marruecas”Carta XXXVIII)


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TEXTOS DEL TEMA 2—LÍRICA


ROMÁNTICA.. G.A. BÉCQUER









ANTOLOGÍA del Poemario “Rimas”

1

Rima I

Yo sé un himno gigante y extraño

que anuncia en la noche del alma una aurora,

y estas páginas son de ese himno

cadencias que el aire dilata en las sombras.



Yo quisiera escribirle, del hombre

domando el rebelde mezquino idioma,

con palabras que fuesen a un tiempo

suspiros y risas, colores y notas.



Pero en vano es luchar; que no hay cifra

capaz de encerrarle, y apenas ¡oh! ¡hermosa!

si teniendo en mis manos las tuyas

pudiera al oído cantártelo a solas.

2

Rima IV

No digáis que agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira.

Podrá no haber poetas, pero siempre

habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso

palpiten encendidas,

mientras el sol las desgarradas nubes

de fuego y oro vista,

mientras el aire en su regazo lleve

perfumes y armonías,

mientras haya en el mundo primavera,

¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance

las fuentes de la vida,

y en el mar o en el cielo haya un abismo

que al cálculo resista,

mientras la humanidad siempre avanzando

no sepa a do camina,

mientras haya un misterio para el hombre,

¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma,

sin que los labios rían,

mientras se llore, sin que el llanto acuda

a nublar la pupila,

mientras el corazón y la cabeza

batallando prosigan,

mientras haya esperanzas y recuerdos,

¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen

los ojos que los miran,

mientras responda el labio suspirando

al labio que suspira,

mientras sentirse puedan en un beso

dos almas confundidas,

mientras exista una mujer hermosa,

¡habrá poesía!

3

Rima VII

Del salón en el ángulo oscuro,

de su dueña tal vez olvidada,

silenciosa y cubierta de polvo,

veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,

como el pájaro duerme en las ramas,

esperando la mano de nieve

que sabe arrancarlas!

¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio

así duerme en el fondo del alma,

y una voz como Lázaro espera

que le diga «Levántate y anda»!

4

Rima XI

—Yo soy ardiente, yo soy morena,

yo soy el símbolo de la pasión,

de ansia de goces mi alma está llena.

¿A mí me buscas?

—No es a ti, no.

—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro:

puedo brindarte dichas sin fin,

yo de ternuras guardo un tesoro.

¿A mí me llamas?

—No, no es a ti.

—Yo soy un sueño, un imposible,

vano fantasma de niebla y luz;

soy incorpórea, soy intangible:

no puedo amarte.

—¡Oh ven, ven tú!

5

Rima XIV

Te vi un punto, y flotando ante mis ojos

la imagen de tus ojos se quedó,

como la mancha oscura orlada en fuego

que flota y ciega si se mira al sol.

Adondequiera que la vista clavo,

torno a ver sus pupilas llamear;

mas no te encuentro a ti, que es tu mirada,

unos ojos, los tuyos, nada más.

De mi alcoba en el ángulo los miro

desasidos fantásticos lucir.

Cuando duermo los siento que se ciernen

de par en par abiertos sobre mí.

Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche

llevan al caminante a perecer;

yo me siento arrastrado por tus ojos,

pero adónde me arrastran no lo sé.

6

Rima XV

Cendal flotante de leve bruma,

rizada cinta de blanca espuma,

rumor sonoro

de arpa de oro,

beso del aura, onda de luz,

eso eres tú.

¡Tú, sombra aérea que cuantas veces

voy a tocarte te desvaneces

como la llama, como el sonido,

como la niebla, como un gemido

del lago azul!

En mar sin playas onda sonante,

en el vacío cometa errante,

largo lamento

del ronco viento,

ansia perpetua de algo mejor,

eso soy yo.

¡Yo, que a tus ojos en mi agonía

los ojos vuelvo de noche y día;

yo, que incansable corro y demente

tras una sombra, tras la hija ardiente

de una visión!

7

Rima XVII

Hoy la tierra y los cielos me sonríen,

Hoy llega al fondo de mi alma el sol,

Hoy la he visto ..., la he visto y me ha mirado,

¡Hoy creo en Dios!

8

Rima XXXIV

¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable,

es altanera y vana y caprichosa.

Antes que el sentimiento de su alma

brotará el agua de la estéril roca.

Sé que en su corazón, nido de sierpes,

no hay una fibra que al amor responda;

que es una estatua inanimada... pero...

¡es tan hermosa!!

Rima XLI

Tú eras el huracán y yo la alta

torre que desafía su poder:

¡tenías que estrellarte o que abatirme!

¡No pudo ser!



Tú eras el océano y yo la enhiesta

roca que firme aguarda su vaivén:

¡tenías que romperte o que arrancarme! ...

¡No pudo ser!



Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados

uno a arrollar, el otro a no ceder:

la senda estrecha, inevitable el choque ...

¡No pudo ser!

9

Rima XLIII

Dejé la luz a un lado, y en el borde

de la revuelta cama me senté,

mudo, sombrío, la pupila inmóvil

clavada en la pared.

¿Qué tiempo estuve así? No sé; al dejarme

la embriaguez horrible de dolor,

expiraba la luz y en mis balcones

reía el sol.

Ni sé tampoco en tan terribles horas

en qué pensaba o qué pasó por mí;

sólo recuerdo que lloré y maldije

y que en aquella noche envejecí.

10

Rima XLVIII

Como se arranca el hierro de una herida

su amor de las entrañas me arranqué,

¡aunque sentí al hacerlo que la vida

me arrancaba con él!

Del altar que le alcé en el alma mía

la voluntad su imagen arrojó,

y la luz de la fe que en ella ardía

ante el ara desierta se apagó.

Aun para combatir mi firme empeño

viene a mi mente su visión tenaz...

¡Cuándo podré dormir con ese sueño

en que acaba el soñar!!

11

Rima L

Lo que el salvaje que con torpe mano

hace de un tronco a su capricho un dios

y luego ante su obra se arrodilla,

eso hicimos tú y yo.

Dimos formas reales a un fantasma,

de la mente ridícula invención,

y hecho el ídolo ya, sacrificamos

en su altar nuestro amor.

12

Rima LII

Olas gigantes que os rompéis bramando

en las playas desiertas y remotas,

envuelto entre la sábana de espumas,

¡llevadme con vosotras!



Ráfagas de huracán que arrebatáis

del alto bosque las marchitas hojas,

arrastrado en el ciego torbellino,

¡llevadme con vosotras!



Nube de tempestad que rompe el rayo

y en fuego ornáis las sangrientas orlas,

arrebatado entre la niebla oscura,

¡llevadme con vosotras!.



Llevadme, por piedad, a donde el vértigo

con la razón me arranque la memoria.

¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme

con mi dolor a solas!.

13

Rima LIII

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a sus cristales

jugando llamarán.



Pero aquellas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha a contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros nombres...

¡esas... no volverán!.



Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar,

y otra vez a la tarde aún más hermosas

sus flores se abrirán.



Pero aquellas, cuajadas de rocío

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer como lágrimas del día...

¡esas... no volverán!



Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar;

tu corazón de su profundo sueño

tal vez despertará.



Pero mudo y absorto y de rodillas

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido...; desengáñate,

¡así... no te querrán!

14

Rima LXVII

¡Qué hermoso es ver el día

coronado de fuego levantarse,

y a su beso de lumbre

brillar las olas y encenderse el aire!

¡Qué hermoso es tras la lluvia

del triste otoño en la azulada tarde,

de las húmedas flores

el perfume aspirar hasta saciarse!

¡Qué hermoso es cuando en copos

la blanca nieve silenciosa cae,

de las inquietas llamas

ver las rojizas lenguas agitarse!

¡Qué hermoso es cuando hay sueño

dormir bien... y roncar como un sochantre...

y comer... y engordar...! ¡y qué fortuna

que esto sólo no baste!

15

Rima LXXIII

Cerraron sus ojos

que aún tenía abiertos,

taparon su cara

con un blanco lienzo,

y unos sollozando,

otros en silencio,

de la triste alcoba

todos se salieron.

La luz, que en un vaso

ardía en el suelo,

al muro arrojaba

la sombra del lecho,

y entre aquella sombra

veíase a intérvalos

dibujarse rígida

la forma del cuerpo.

Despertaba el día,

y a su albor primero

con sus mil ruidos

despertaba el pueblo.

Ante aquel contraste

de vida y misterio,

de luz y tinieblas,

yo pensé un momento:

¡Dios mío, qué solos

se quedan los muertos!!



De la casa en hombros

lleváronla al templo,

y en una capilla

dejaron el féretro.

Allí rodearon

sus pálidos restos

de amarillas velas

y de paños negros.

Al dar de las Ánimas

el toque postrero,

acabó una vieja

sus últimos rezos,

cruzó la ancha nave,

las puertas gimieron,

y el santo recinto

quedóse desierto.

De un reloj se oía

compasado el péndulo

y de algunos cirios

el chisporroteo.

Tan medroso y triste,

tan oscuro y yerto

todo se encontraba,

que pensé un momento:

¡Dios mío, qué solos

se quedan los muertos!!



De la alta campana

la lengua de hierro

le dio volteando

su adiós lastimero.

El luto en las ropas,

amigos y deudos

cruzaron en fila

formando el cortejo.

Del último asilo,

oscuro y estrecho,

abrió la piqueta

el nicho a un extremo:

allí la acostaron,

tapiáronle luego

y con un saludo

despidióse el duelo.

La piqueta al hombro

el sepulturero,

cantando entre dientes,

se perdió a lo lejos.

La noche se entraba,

el sol se había puesto.

Perdido en las sombras

yo pensé un momento:

¡Dios mío, qué solos

se quedan los muertos!!



En las largas noches

del helado invierno,

cuando las maderas

crujir hace el viento

y azota los vidrios

el fuerte aguacero,

de la pobre niña

a veces me acuerdo.

Allí cae la lluvia

con un son eterno;

allí la combate

el soplo del cierzo.

Del húmedo muro

tendida en el hueco,

¡acaso de frío

se hielan sus huesos!...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

¿Vuelve el polvo al polvo?

¿Vuela el alma al cielo?

¿Todo es sin espíritu

podredumbre y cieno?

No sé; pero hay algo

que explicar no puedo,

algo que repugna,

aunque es fuerza hacerlo,

¡a dejar tan tristes,

tan solos los muertos!













































































ANTOLOGÍA DE LÍRICA

ROMÁNTICA
-(Continuación)

16

Con diez cañones por banda,

viento en popa, a toda vela,

no corta el mar, sino vuela

un velero bergantín.

Bajel pirata que llaman,

por su bravura, El Temido,

en todo mar conocido

del uno al otro confín.



La luna en el mar riela

en la lona gime el viento,

y alza en blando movimiento

olas de plata y azul;

y va el capitán pirata,

cantando alegre en la popa,

Asia a un lado, al otro Europa,

y allá a su frente Istambul:

Navega, velero mío

sin temor,

que ni enemigo navío

ni tormenta, ni bonanza

tu rumbo a torcer alcanza,

ni a sujetar tu valor.

Veinte presas

hemos hecho

a despecho

del inglés

y han rendido

sus pendones

cien naciones

a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria, la mar.

Allá; muevan feroz guerra

ciegos reyes

por un palmo más de tierra;

que yo aquí; tengo por mío

cuanto abarca el mar bravío,

a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,

sea cualquiera,

ni bandera

de esplendor,

que no sienta

mi derecho

y dé pechos mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley, la fuerza y el viento,

mi única patria, la mar.(…)

J. Espronceda:”Canto del Pirata”

17

Campanas de Bastabales,

cando vos oio tocar,

mórrome de soidades.

I

Cando vos oio tocar,

campaniñas, campaniñas,

sin querer torno a chorar.



Cando de lonxe vos oio

penso que por min chamades

e das entrañas me doio.



Dóiome de dór ferida,

que antes tiña vida enteira

e hoxe teño media vida.



só media me deixaron

os que de aló me trouxeron,

os que de aló me roubaron.



Non me roubaron, traidores,

¡ai!, uns amores toliños,

¡ai!, uns toliños amores.



Que os amores xa fuxiron,

as soidades viñeron...

de pena me consumiron.(…)

(Rosalía de Castro: “Cantares Galegos”)



(( Campanas de Bastabales,

cuando os oigo tocar,

me muero de añoranzas.



Cuando os oigo tocar,

campanitas, campanitas,

sin querer vuelvo a llorar.



Cuando de lejos os oigo

pienso que por mí llamáis

y de las entrañas me duelo.



Me duelo de dolor herida,

que antes tenía vida entera

y hoy tengo media vida.



Sólo media me dejaron

los que de allá me trajeron,

los que de allá me robaron.



No me robaron, traidores,

¡ay!, unos amores locos,

¡ay!, unos locos amores.



Que los amores ya huyeron,

las soledades vinieron...

de pena me consumieron))

18

A xustiza pola man - Rosalia de Castro

Aqués que tén fama de honrados na vila,

Roubáronme tanta brancura que eu tiña;

Botáronme estrume nas galas dun día,

A roupa decote puñéronma en tiras.

Nin pedra deixaron, en donde eu vivira;

Sin lar, sin abrigo, morei nas curtiñas;

Ó raso cas lebres dormín nas campías;

Meus fillos..., ¡meus anxos!..., que tanto eu quería,

¡Morreron, morreron, ca fame que tiñan!

Quedei deshonrada, mucháronme a vida,

Fixéronme un leito de toxos e silvas;

I en tanto, os raposos de sangre maldita

Tranquilos nun leito de rosas dormían.



-Salvademe ¡ou, xueces!, berrei..., ¡tolería!

De min se mofaron, vendeume a xusticia.

- Bon Dios, axudaime, berrei, berrei inda...

Tan alto que estaba, bon Dios non me oíra.

Estonces cal loba doente ou ferida,



Dun salto con rabia pillei a fouciña,

Rondei paseniño...¡Ne-as herbas sentía!

I a lúa escondiase, y a fera dormía

Cos seus compañeiros en cama mullida.



Mireinos con calma, i as mans estendidas,

Dun golpe, ¡dun soio!, deixeinos sin vida.

I ó lado, contenta, senteime das vítimas,

Tranquila, esperando pola alba do día.



I estonces... estonces, cumpreuse a xustiza:

Eu, neles; i as leises, na man que os ferira.



(Do libro Follas Novas de Rosalía de Castro)



La justicia por la mano))



Aquellos que tienen fama de honrados en la villa

me robaron tanta blancura que yo tenía.

Me arrojaron estiércol en mis galas más finas,

mi ropa de diario la convirtieron en tiras.

Ni piedra dejaron donde yo vivía,

Sin hogar, sin abrigo, moré en las briznas,

al raso con las liebres dormí en las campiñas,

mis hijos, ¡mis ángeles! que tanto quería

¡Murieron, murieron, con el hambre que tenían!

Quedé deshonrada, me marchitaron la vida,

Me hicieron un lecho de tojos y zarzas,

Y mientras los zorros de sangre maldita

Tranquilos, en un lecho de rosas, dormían.



- Salvadme, ¡oh, jueces!, grité… ¡locura!

De mí se mofaron, me vendió la justicia,

- Buen Dios, ayúdame, grité, grité todavía…

Tan alto que estaba, Buen Dios no me oía.

Entonces cual loba enferma o herida,

de un salto con rabia cogí la hoz acerada,

caminé despacio… ni las hierbas sentían,

la luna se escondía, y la fiera dormía

con sus compañeros en cama mullida.



Los miré con calma, y las manos extendidas,

De un golpe, ¡de uno sólo!, los dejé sin vida,

Y al lado, contenta, me senté de las víctimas.

Tranquila, esperando por el alba del día.



Y entonces… ¡entonces!, se cumplió justicia.

Yo en ellos, y las leyes en la mano que los hirió.))

19

Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra

cariñosa a la escueta montaña

donde un tiempo la gaita guerrera

alentó de los nuestros las almas

y compás hizo al eco monótono

del canto materno,

del viento y del agua,

que en las noches del invierno al infante

en su cuna de mimbre arrullaban.

Que tan bello apareces, ¡oh roble!

de este suelo en las cumbres gallardas

y en las suaves graciosas pendientes

donde umbrosas se extienden tus ramas,

como en rostro de pálida virgen

cabellera ondulante y dorada,

que en lluvia de rizos

acaricia la frente de nácar.



¡Torna presto a poblar nuestros bosques;

y que tornen contigo las hadas

que algún tiempo a tu sombra tejieron

del héroe gallego

las frescas guirnaldas!



( R. de Castro: “En las Orillas del Sar”)

20

SUM VERMIS

Non vivificatur nisi prius

moriatur ( 1° Cor., 15, 36).

E carcere ad oethere.

Dant vincula pennas.



Veyeume aquí, Senyor, á vostres plantes,

despullat de tot bé, malalt y pobre,

de mon no-res perdut dintre l'abisme.

Cuch de la terra vil, per una estona

he vingut en la cendra á arrocegarme.

Fou mon breçol un grá de polcinera,

y un altre grá será lo meu sepulcre.

Voldría ser quelcom per oferirvos,

però Vos me voleu petit é inútil,

de gloria despullat y de prestigi.

Feu de mi lo que us placia, fulla seca

de les que'l vent se'n porta, ó gota d'aygua

de les que'l sol sobre l'herbey axuga,

ó, si ho voleu, baboya del escarni.

Jo so un no-res, més mon no-res es vostre;

vostre es, Senyor, y us ama y vos estima.

Feu de mi lo que us placia; no'n só digne

d'anar á vostres peus; com arbre estèril

de soca á arrel trayeume de la terra;

morfoneume, atuiume, anihilaume.



Veniu á mi, congoxes del martiri,

veiu, oh Creus, mon or y ma fortuna,

ornau mon front, engalonau mos braços.

Veniu, llorers y palmes del Calvari,

si'm son aspres avuy, abans del gayre

á vostre ombriu me será dolç l'assèurem.

Espina del dolor, vina á punyirme,

cuyta á abrigarme ab ton mantell, oh injuria;

calumnia, al meu voltant tos llots apila,

miseria, vínam á portar lo ròssech.



Vull ser volva de pols de la rodera

ahon tots los qui passen me trepitgen;

vull ser llançat com una escombraría

del palau al carrer, de la més alta

cima á la afrau, y de la afrau al córrech.

Escombreu mes petjades en l'altura;

ja no hi faré més nosa, la pobresa

será lo meu tresor, será l'oprobi

lo meu ergull, les penes ma delícia.



Desde avuy culliré los vilipendis

y llengoteigs com perles y topacis

per la corona que en lo cel espero.

Muyra aquest cos insoportable, muyra;

cansat estich de tan fexuga cárrega;

devórel lo fossar, torne á la cendra

d'hon ha sortit, sum vermis et non homo.

Jo no só pas la industriosa eruga

que entre'l fullam de la morera's fila

de finíssima seda lo sudari.

Jo me'l filo del cánem de mes penes;

més , dintre aquexa fosca sepultura,

tornat com vos, Jesús, de mort á vida,

jo hi trobaré unes ales de crisálida

per volármen ab Vos á vostra gloria.

Sum vermis

Non vivificatur nisi prius

moriatur ( 1° Cor., 15, 36).

E carcere ad oethere.

Dant vincula pennas.

( Jacint Verdaguer: “Flors del calavari”)

---------------------------

((Miradme aquí, Señor, a vuestras plantas,

de todo bien desnudo, enfermo y pobre,

de mi nada perdido en el abismo.

Vil gusano de tierra, por un rato

be venido a arrastrarme a la ceniza.

Mi cuna fue un grano de polvo

y otro grano será mi sepultura.

Quisiera ser algo para ofreceros,

pero Vos me queréis pequeño e inútil

y desnudo de gloria y de prestigio.



Haced de mí lo que queráis, hoja seca

de las que el viento lleva, gota de agua

de las que el sol, sobre la hierba, seca,

o si queréis, motivo de escarnio.

Yo no soy nada, mas mi nada es vuestra;

vuestra es, Señor, y os ama y os quiere.

Haced de mí lo que queráis; no soy digno

de andar a vuestros pies; cual árbol estéril,

arrancadme de raíz de la tierra;

devastadme, abatidme, aniquiladme.



Venid a mí, congojas del martirio,

venid. Oh cruces, mi oro y mi fortuna,

ornad mi frente, engalanad mis brazos.

Venid, laurel y palmas del Calvario,

si hoy ásperas me sois, pronto me será

a vuestra sombra dulce sentarme.

Espina del dolor, ven a punzarme;

corre a abrigarme con tu manto, oh injuria;

calumnia, a mi alrededor lodo apila,

miseria, ven para llevarme a rastras.

(Versión de José Batlló)))

21

Gernikako Arbola

Gernikako arbola

da bedeinkatua

Euskaldunen artean

guztiz maitatua.

Eman ta zabal zazu

munduan frutua

adoratzen zaitugu

arbola santua

Mila urte inguru da

esaten dutela

Jainkoak jarri zuela

Gernikako arbola.

Zaude bada zutikan

orain da denbora

eroritzen bazera

arras galdu gera

Ez zera eroriko

arbola maitea

baldin portatzen bada

Bizkaiko Juntia.

Laurok hartuko degu

pakian bizi dedin

euskaldun jendia.

Betiko bizi dedin

Jaunari eskatzeko

jarri gaitezen danok

laister belauniko.

Eta bihotzetikan

eskatu ezkero

arbola biziko da

orain eta gero

Arbola botatzia

dutena pentsatu

denak badakigu.

Ea bada jendia

denbora orain degu

erori gabetanik

eduki behar degu.

Beti egongo zera

uda berrikoa

lore aintzinetako

mantxa gabekoa.

Erruki zaite bada

bihotz gurekoa

denbora galdu gabe

emanik frutua.



Arbolak erantzun du

kontuz bizitzeko

eta bihotzetikan

Jaunari eskatzeko,

gerrarik nahi ez degu

pakea betiko,

gure lege zuzenak

hemen maitatzeko.

Erregutu diogun

Jaungoiko Jaunari

pakea emateko

orain eta beti.

Baita indarra ere

zerorren lurrari

Euskal Herriari.

(J.M.Iparaguirre: “Gerkikako Arbola”)



((El árbol de Guernica

Bendito es el Arbol de Gernika,

amado por todos los euskaldunes.

Da y extiende tu fruto por el mundo,

te adoramos, Arbol sagrado.

Hace unos mil años que se dice

que Dios plantó el Arbol de Gernika.

Manténte en pie ahora y siempre,

si caes estamos perdidos.

No caerás, Arbol querido,

si la Junta de Bizkaia se porta.

Nos uniremos a ti las cuatro provincias

para que viva en paz la grey éuscara.

Arrodillémonos todos para pedir al Señor

que nuestro Arbol viva para siempre.

Y si se lo pedimos de corazón,

el Arbol vivirá ahora y siempre.

En Euskal Herria todos sabemos

que han planeado tumbar el Arbol.

Ea, paisanos, esta es nuestra hora,

mantengámoslo en pie sin que se caiga.

Vivirás siempre en primavera,

antigua flor sin mancha.

Apiádate de nosotros, querido Arbol,

danos tu fruto sin perder mas tiempo.

El Arbol nos responde que vivamos alerta

y que se lo pidamos a Dios con fervor.

No queremos gerra, sino paz duradera

para que se respeten nuestras rectas leyes.

Pidamos a Dios nuestro Señor

que nos conceda paz ahora y siempre,

y que dé también fuerza a tu tierra

y su bendición a Euskal Herria.))